comer_alia: Los impulsos, como Israel, no se explican. Se comen
Daniela Lachster
Casi mando un mensaje que no debía. Dos veces esta semana. La segunda casi lo mando en hebreo, así que técnicamente estoy progresando.Leer escrito completoReducir escrito
Casi mando un mensaje que no debía. Dos veces esta semana. La segunda casi lo mando en hebreo, así que técnicamente estoy progresando.
No me arrepentí por evolucionada. Me arrepentí porque encontré algo mejor que arrepentirme: esperar.
En las fuentes del judaísmo muchas veces encuentro respuestas que me interpelan. A veces las escucho. Otras las leo, digo “mmm, interesante” y sigo haciendo lo que iba a hacer igual. Así de honesta soy.
Esta vez no pude escaparle. La chispa me la tiró algo que escribió el Rabino Eli Levy, y quedó ahí, dando vueltas, como esos tangos que escuchaba mi papá en la radio y que de chica no me gustaban nada, y ahora, de grande, se me van metiendo la letra despacio, sin permiso: hay impulsos que no se apagan solos. La solución no es apretar los dientes. Es esperar.
Lo entendí de verdad hace unos días, en una mesa larga, con pan recién salido y todos sirviéndose con las manos. Alguien cortó la carne apenas salió del fuego. Se le fue todo el jugo al plato, seca, sin gracia. El que esperó diez minutos se comió otra cosa. Literal, la misma carne, dos experiencias distintas. Ahí lo vi clarísimo, con las manos grasosas y la boca llena: esperar no es perder el impulso. Es dejarlo terminar de ser lo que puede ser.
A mí me pasó lo mismo con la aliá entera. Valijas más pesadas que mis dudas, corazón queriendo todo ya, el idioma en un mes, pertenecer en una semana, que Israel me abrazara desde el día uno. Como si las ganas solas alcanzaran.
No alcanzan.
La vida acá te va sacando capas. Te hace esperar. Te hace llorar lo que dejaste. Y ahí, con el tiempo, el impulso ciego se convierte en otra cosa. En algo tuyo. En algo que elegís todos los días, no solo en el calor del primer amor con este país.
La aliá no es un impulso que se cumple de una. Es un impulso que se sostiene. Que se cocina despacio hasta que lo que quedó ya no es enamoramiento, es compromiso.
Yo sigo en el aeropuerto, de alguna forma. Sigo esperando que algunas cosas terminen de cocinarse.
Los impulsos, como Israel, no se explican. Se comen.
Israel no se explica. Se come.
¿Y vos? ¿Qué impulso tenés todavía esperando su turno?
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