
Tengo una amiga que me hace lindos comentarios de mis escritos y me dice que le gustan mis finales felices con esperanza de que las cosas mejoren. Siempre guardo una esperanza, aunque Irán amenace con la bomba atómica y haya mucho antisemitismo en el mundo. Me invade el optimismo ante mi deseo de que todo esté bien, de vivir en un mundo mejor. Por eso mis finales son como los cuentos de hadas, que a pesar de las brujas come-gente, lobos malvadaos, princesas convertidas en sapos, todo termina bien…y vivieron felices por siempre.
Manzanas envenenadas, lobos feroces, Caperucita Roja, personajes que están a la espera de un príncipe azul que las haga felices.
Mis historias contienen hadas madrinas, príncipes azules, princesas rosadas. Siempre trato de ver el vaso medio lleno y aunque el mundo está revuelto, pienso que, como cuando hay desorden en la cocina, no puede seguir así. Hay que organizar. Se necesitan líderes que se atrevan a enfrentar este caos que estamos viviendo y le puedan dar equilibrio a este planeta.
Estamos viviendo un caos, un desorden mundial, donde los valores y principios que aprendimos se están desbarajustando. Einstein dijo sabiamente que la única manera de liderar es con el ejemplo y ese es el problema que estamos viviendo, que no hay un rumbo fijo, Los gobernantes no dan el mejor ejemplo de transparencia y liderazgo. Pero, como dice mi amiga y como terminan los cuentos de hadas, colorín colorado este cuento se ha acabado y vivieron todos felices por siempre.
Para la próxima semana les tengo una noticia que no sé si es buena o mala. Simplemente es. Llevo más de 3 años escribiendo, informando y opinando sobre este tema tan triste que es la guerra. Y nada que se acaba, y yo sigo escribiendo y mis lectores me siguen leyendo. Pero si la guerra no para, yo voy a parar y seguiré escribiendo de otros temas más agradables y divertidos. Hay lágrimas de tristeza, pero las hay también de nostalgia y a veces de emoción. Las hay incontenibles como la risa.Llorar es un acto de desprendimiento, de sanación. Después de llorar, viene la calma. Ese acto deja una paz interior. En este mundo, tristemente, nos siguen acompañando hechos tristes, pero se los vamos a dejar a los encargados de la información. Lloramos esta larga guerra y el antisemitismo que trajo, lloramos a muchos jóvenes soldadas y a las víctimas del 7 de octubre. Como dijo Mafalda: paren este mundo que me quiero bajar. Y como no es como en los paraderos de buses, que uno se baja en la estación que escoge, seguiremos disfrutando de la vida. Hasta ahora mis LÁGRIMAS eran una protesta para contarle al mundo otra verdad diferente a la que ofrecen los medios. Y creo que cumplí mi misión. Pienso que mucha
gente se informó de otra manera y pude aportar mi granito de arena para que se den cuenta que Israel no es tan malo como lo pintan. Ha sido mi aporte a este país que me recibió con los brazos abiertos para habitar esta tierra, a una edad en que se pensaría que ya no somos tan productivos para la sociedad. Es una muestra de agradecimiento y una misión que decidí cumplir. Espero no tener que derramar más lágrimas y por ahora los seguiré deleitando con mis conocidas “CRÓMICAS” DE SHABAT.
