
Liberté, Igualité fraternité, esa era la consigna de la revolución francesa por la que luchaban sus ciudadanos en 1789. Después vino el mayo del 68, considerada como una revolución cultural donde los grafities marcaron la historia. Entre los lemas estaban: sed realistas pedid lo imposible, La imaginación al poder y prohibido prohibir.
Ahora se habla de una revuelta estudiantil y protestas por mejores condiciones en los colegios.
Ese fue el foco primario que encendió una turba que se encargó de vandalizar comercios, saquear e incendiar la ciudad. Quemaron monumentos históricos que eran emblemáticos en la ciudad luz.
La sopa que no se tomó Mafalda se la echaron a la monalisa. Que desastre, irrespetar una obra que el mundo ha admirado a través de los años. Ser capaces de destruir obras de arte y joyas arquitectónicas, que otros han creado con tanto trabajo y dedicación, no dice nada bueno de esta gente. Les debería dar vergüenza, pero ellos se sienten héroes y hasta sentirán orgullo por lo que hacen. Tienen sus objetivos torcidos. Es gente que sólo busca hacer daño.
Con mi hija y mi nieta, planeamos hace rato un viaje a París. Queríamos compartir unos días tranquilos y espectaculares en París, esa ciudad que simboliza la cultura y la elegancia, que guarda su historia en los cafecitos y en sus grandes avenidas. Los champs Elisé, el arco del triunfo, la torre Eiffel, el museo del Louvre, sus edificios hermosos que denotan antigüedad por fuera y modernismo por dentro, su excelente comida gourmet.
Queríamos degustar un verdadero pan francés hecho en Francia y saludar a unos amigos y familiares que viven en esa ciudad que ahora es presa del vandalismo. Y digo queríamos en pasado porque, a pesar de que vivimos en un país en guerra, en las ciudades se vive tranquilamente y se nos están quitando las ganas de ir. A veces entra uno que otro musulmán radical a tratar de hacer fechorías, pero no es una turba y por lo general, son detectados rápidamente.
Por la intranquilidad que nos produce estar en París y que haya otra manifestación de ese tipo, se nos están quitando las ganas de ir a caminar por los champs Elisé, de visitar el museo de la moda de Christian Dior y de ver a esa monalisa que DaVinci, con su grandes dotes artísticos, logró fijar esa mirada que recorren sus ojos sin voltear la cara y que ahora recibió un baldado de sopa. Menos mal tiene tanto vidrio de protección que no le hace ni cosquillas.
Algunos dicen que no hay problema y que se puede ir. Estamos todavía a tiempo para poder decidir si nos animamos o si mejor nos animamos a cambiar el destino y de pronto visitar una ciudad mas tranquila.
Esto estaba pronosticado y tristemente se está haciendo realidad, Francia ya no es de los franceses.
Queda una pregunta por hacer. Por qué si se trata de una protesta estudiantil, había banderas palestinas ondeando en varios lugares, incluyendo la emblemática torre Eiffel?
Lo dijo Oriana Falacci hace muchos años y aunque se está haciendo tarde, todavía podemos estar a tiempo.
