
Le prometí a mi cuñada hacerle gefilte fish y promesa es promesa. Quedaron de venir a Shabat y lo más especial es que mis sobrinos que nunca pueden, aceptaron la invitación. No a comer gefilte fish, pero sí a degustar otros platos que prepara la tía.
Reuven es mi compañero de equipo culinario y nos levantamos temprano para avanzar en la tarea, pues mañana tenemos un evento literario en la mañana y queríamos dejar todo listo.
No sé qué movimiento hice para abrir la llave del agua del lavaplatos, aunque sólo hay un tipo de movimiento. El caso fue que me quedé con la llave en la mano y salía un chorro de agua por el hueco donde otrora había estado instalado.
La primera pregunta es a mi yo interior: qué hice. Como cuando y por qué. La respuesta es: sucedió y hay que arreglarlo. Como vivimos en arriendo, toca avisarle al dueño para que apruebe el arreglo.
Mientras él piensa a quién manda y si compra el repuesto, las horas van avanzando y mañana es Shabat, así que si no lo arreglábamos hoy (haiom) nos quedábamos sin agua en el lavaplatos todo el fin de semana, incluyendo la cena de Shabat con invitados. Lo que menos quería era cancelar, pues lograr para otra oportunidad que los sobrinos puedan venir a Modiin no es fácil.
Llamamos al plomero (Instalator) y nos dijo que había que comprar otra. Tenía razón, pues cuando tratamos de atornillarla no daba la vuelta porque no había suficiente espacio para rotarla.
Me acordé que en Colombia, una vez se nos dañó la llave del agua y compramos una marca chilena que tenía garantía de por vida. Cómo nos hubiera servido en este momento. Recordar es vivir, pero en estos casos no aplica ese dicho. Así que salimos a comprar la llave y concretamos una cita con el instalator.
Sobra contarles que aquí es más caro el servicio de instalación que el repuesto completo. Terminamos el gefilte y logramos lavar todo en el lavamanos. Colombiano que se respete siempre tiene un plan B. Quedó preparado el pescado y las alitas barbecue, que se ponen en el horno y no se requiere de agua para su preparación.
Previamente habíamos encargado un sushi que sienpre veíamos y queríamos pedir, pero era una bandeja demasiado grande para nosotros dos, así que aprovechando que somos más, la encargamos. Se llama magash mesivá (bandeja de fiesta) y en serio es como de fiesta. Se ve espectacularmente servida con una gran variedad de sushis.
Ya tenemos la comida (ojel) lista, la cocina limpia y esperamos a los invitados y por supuesto al plomero para que nos instale la llave, porque nosotros ni con tutorial. Hay servicios que se pagan con gusto.
Si un plomero pudo aterrizar un avión, seguro que puede hacer una buena instalación. A la hora de la publicación, ya vino el instalator y arregló lo que en un momento fue un problema. Unos plomeros manejan aviones y otros hablan en idish.
Ya veremos si el dueño (baal) decide pagar o dirá que se rompió por mal trato. Como nunca fuimos inquilinos no sabemos cómo reaccionar ante estos imprevistos. Al menos no hubo que cancelar la comida y degustaremos un exquisito sushi con el agua necesaria para poder lavar los platos después.
