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Crómicas de Shabat: Una judía intermedia

Marlene Manevich

Marlene Manevich

Entre curiosidades y crómicas de Shabat

26 de septiembre de 2026

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Cuando sale la primera estrella y el shofar (cuerno de carnero) emite el tekya gedolá que anuncia la terminación del ayuno de Yom Kipur, siento una gran satisfacción. Me gusta la sensación de haber cumplido con este precepto que dicta la ley mosaica.

Después de 24 horas de ayuno, es rico deleitar una buena comida, pero despacio sin desesperarse, ni atragantarse, porque comer, pensando en que ayunamos 24 horas, hace daño y cae mal al estómago. Toca despacito, como la canción y deleitando cada bocado. Ojalá, comida suave que se digiera fácil. Esas 24 horas de ayuno no se van a recuperar comiendo mucho.

La mejor sensación es sentir que después de ingerir esa deliciosa y tan esperada comida, nos queda un año para el próximo ayuno. Me encanta saber eso. Esto es para los que no somos ni muy muy ni tan tan. Es un dicho que traducido significa, para los que no somos ni muy religiosos, ni muy laicos. Porque para los muy religiosos hay varios ayunos en el año (shaná) así que para ellos, este es uno más y para los de mi grupo, es EL AYUNO, que de todos modos es el día más importante del calendario hebreo. Es un día muy espiritual y de mucha reflexión.

En Israel hay los 2 extremos de personas. Los muy religiosos que guardan estrictamente las reglas que dicta la religión y los muy laicos que ni siquiera ayunan. Yo me catalogo en la categoría intermedia, esa en que es difícil ubicarse en este país (mediná).

Cuando era adolescente, que es el momento en que empezamos a ayunar, escuchaba comentarios de los adultos (mebugarim), que decían que los enfermos y los abuelos no tenían que ayunar. Yo vi a mi bobe ayunar hasta los noventa y pico años, hasta que un día tuvo la ocurrencia de subirse a un butaco para arreglar una cortina (ella que todo lo podía) y hasta ahí llegó.

Yo me siento muy vital y llena de energía y aunque ya estoy en la categoría de los abuelos que de pronto ya no tienen que ayunar, sigo cumpliendo con este importante precepto que heredé de esos abuelos que decían Yom Kiper en ese lenguaje enredado y melodioso, idish, que trajeron de Europa y que no lográbamos descifrar.

En Israel es conocido como el día de la bicicleta, (ofanaim), pues no se puede andar en carro y no circulan ni buses, ni taxis, ni tren. Es un día de romper con todo lo cotidiano.

Cuando éramos jóvenes, íbamos caminando a esa sinagoga ubicada en el barrio Zea. Empezábamos el recorrido en el barrio Laureles e íbamos puerta a puerta recogiendo a cada uno, pasábamos por el barrio el Estadio y de ahí seguíamos hasta la avenida Juan Del Corral -previa parada a escoger los moritos (bizcochos) del Astor para romper el ayuno- que nos llevaba a esa vieja casona de techos altos y ventanales, que funcionaba como sinagoga y sede social los primeros años de esa pequeña comunidad de Medellín donde nací.

También es un día (yom) de agradecer y agradezco por mi salud, que me permite todavía ayunar.

Esta tardecita (esto significa tarde-noche) tipo 6 de la tarde nos dispondremos a comer, también una cena ligera antes de empezar el ayuno, pues si uno come, pensando en que no va a poder comer las siguientes 24 horas, cae muy pesado. Nosotros comemos, según la tradición, caldo de pollo, pollo (of) cocinado y puré de papa (patuaj adamá). Mis hijos nunca pudieron con ese pollo un poco insípido para algunos, pero a Reuven y a mí nos encanta. Yo diría que es caldo de enfermo, penicilina judía, pero para un día como hoy es delicioso y apropiado., pues si se come muy condimentado da mucha sed al día siguiente. Cuando estábamos enfermos esa era la pócima mágica de las abuelas que nos hacia levantar.

Después de esa comida liviana, nos disponemos a escuchar el Kol Nidrei, ese cántico hermoso acerca de los votos, con el que comienza esta festividad. Como anécdota les cuento que un profesor de hebreo nos la hizo aprender de memoria y como los himnos, todavía me la sé.

Les contaba en mi anterior articulo que extraño las sinagogas de Bogotá donde rompíamos el ayuno con una mesa llena de frutas y el tradicional lecaj (torta de miel). Caía bien al estómago ese primer bocado para después ir adonde íbamos a romper el ayuno; a comer caldo de pollo con kneidlaj (bolitas de matzá) gefilte fish acompañado de jrein, esa raíz picante que le da un toque muy especial y nos hace llorar hasta por la nariz y otros acompañantes, como salmón, bagels, quesos, borrecas, knishes. Era una delicia.

Aquí cada uno se va para su casa a compartir con la familia las delicias de la comida judía, sin probar bocado en la sinagoga. Antes era una comida especial, pero un día en la casa de una de mis primas especiales, (la verdad es que a todas las quiero mucho) probamos la forma como rompen los sefaradim y nos quedó gustando tanto, que la adoptamos.

Es un día muy espiritual y de mucha reflexión. Un día de pedir perdón y perdonar, ese acto tan importante para alivianar el cuerpo (guf)y la mente, que a veces nos cuesta trabajo realizar. Hay que tener la humildad para hacerlo y eso cura muchos males. Se acostumbra vestirse de blanco que denota paz y pureza.

Yom Kipur, conocido como el día del perdón, es la oportunidad para arrepentirse y comenzar de nuevo.

Pedir perdón es de los actos más valerosos que puede hacer un ser humano y este día es la oportunidad de hacerlo y sentir esa paz que da el perdón.

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