
No quería hablar de cosas tristes, pero es importante recordar para honrar la memoria de las víctimas.
Que triste fecha hoy para conmemorar el 11 de septiembre, la caída de las torres gemelas en Nueva York. Fue un acto que afectó a todo el mundo. Los noticieros no pararon de dar noticias y a partir de ese momento cambió la forma de viajar por los controles en los aeropuertos. Demasiados fallecidos. Casi 3000 y 25000 heridos. Una barbarie total. A quien se le ocurre derribar unas torres que eran insignia de la ciudad, llenas de gente trabajando. Los aviones que utilizaron estaban llenos de pasajeros inocentes. En ese momento la represalia fue perseguir a Osama Ben Laden que fue el que ejecutó ese atentado a nombre del grupo terrorista Alqaeda. El mundo estaba perplejo por semejante acto cometido por los talibanes. Nadie protestó contra Estados Unidos, ni criticaron a Bush por perseguir a Osama hasta encontrarlo y matarlo. Es cierto que en esa época no había redes sociales, pero nadie defendió, ni apoyó a ese grupo terrorista, como lo hacen hoy y todo el peso de la crítica recae Israel, afectando a los judíos que viven en Israel y en todos los países del mundo. Ese atentado partió la historia en dos y creíamos que era lo peor que podría suceder. Y después vino el 7 de octubre, donde la reacción fue contra los judíos. Que tristeza que haya tantas víctimas inocentes sacrificadas sólo por demostrar el poderío y la capacidad de destrucción que tienen en sus manos.
CELEBRANDO
Y ahora vamos a celebrar. Por estos días de Rosh hashaná todo el mundo desea shaná tová (buen año). En los almacenes, en el supermercado, los guardias, los conductores de buses y taxis, en fin todo el mundo espera el nuevo año 5787. Este año cae viernes, lo que se conoce como Shabat gadol (grande).
Los pasillos de mi edificio huelen a Rosh hashaná. De cada puerta cerrada emana un aroma a comida judía de año nuevo.
Los judíos hemos llegado a muchos países diversos y a diferencia de otras culturas hemos llegado a respetar y a adaptarnos a nuevas costumbres sin perder nuestra esencia. Seguimos celebrando Shabat y las fiestas religiosas sin incomodar a nadie. Al contrario, contándoles a otros nuestra manera de festejar, creando curiosidad y asombro. Es verdad que somos un poco raros, diferentes. Mientras la mayoría de habitantes del globo terráqueo, conmemoran el año 2026 con bombos y platillos, nosotros conmemoramos la llegada del año 5787 en una forma sobria y espiritual. Vamos más adelante en el conteo temporal. También celebramos comiendo como es nuestra costumbre habitual.
Comemos manzana con miel para tener un año dulce. La cabeza del pescado que se acostumbra poner en la mesa es un indicio de comienzo. Simboliza que somos cabeza y no cola. La jalá (pan de trenza) redonda simboliza el año que es redondo, de principio a fin. Entre los sefaradíes se acostumbra servir en la mesa dátiles, frijoles blancos, puerros, remolacha, calabaza y granada.
Vamos a la sinagoga a rezar, a pedir por lo que viene y a agradecer por lo que hubo. Y a escuchar ese sonido intermitente que emite el shofar, ese cuerno de carnero que nos hace conectar con la espiritualidad y la reflexión.
Cuando comienza un nuevo año, no significa que hay un cambio radical..El verdadero cambo viene de nuestro interior y nuestra mente, se encarga de acomodar las fichas para que sea un nuevo comienzo lleno de gratitud, de esperanza y paz espiritual, que conlleva a cambiar las cosas externas que nos rodean. Recordando ese dicho, si empezamos por cambiar las pequeñas cosas de nuestro mundo interior, podemos lograr cambiar primero mi barrio, después mi ciudad, nuestro país y poder tener la esperanza de tener un mundo mejor!!!!
Mis deseos para este nuevo año son: salud para trabajar, trabajo para que haya dinero y tiempo y dinero para poder disfrutar la vida.
Feliz y en paz 5787 Lejaim!!!!
