
Tuve el gusto de tener a una de mis primas amigas de visita en mi casa. Otra prima la recogió para ir a uno de los eventos de un matrimonio (jatuná) al que iba a asistir.
Al día siguiente me llamó para que revisara si el maletín se le había quedado en mi casa. Busqué por todo lado y nada.
Me pidió el favor de que bajara a preguntar si en alguno de los negocios, la panadería o el supermercado se le hubiera quedado. En nuestro incipiente hebreo, bajamos a preguntar sin mucho optimismo, pero con el deseo de ayudar.
En el maletín (tik) llevaba la ropa para cambiarse, pero también tenía unos aretes, una pulsera de oro y un reloj Bulgari. Eso aumentó el deseo de encontrar el maletín.
🚓 La sorpresa en el supermercado
Llegamos al supermercado y el administrador, que nos conoce por ser vecinos-compradores, cuando oyó que se trataba de un maletín, nos contó que el día anterior habían acordonado la zona y que los policías rasgaron el maletín después de haber verificado que no explotara.
Después de semejante acto policíaco, lo único que se nos ocurrió fue ir a la policía (mishtará) a ver si lo encontrábamos.
💡 Una llamada oportuna
De pronto me iluminé y me acordé de que mi yerno es voluntario en la policía y nos hizo el favor de llamar a preguntar si estaba el maletín.
La mejor noticia es que sí estaba, pero solo lo entregaban personalmente a la dueña, pues debía mostrar el pasaporte (darkón).
🎒 El maletín aparece
Era Shabat y ella estaba en Tel Aviv, así que hubo que esperar a que regresara para ir a hacer la diligencia.
El domingo fuimos a la policía y fue una emoción muy grande cuando recibió su maletín con todas las pertenencias, incluido el reloj Bulgari. En Colombia, otro cuento hubiéramos contado.
