“Mi hijo el doctor.”
Daniela Lachster – Instagram: comer_alia
Así decían los inmigrantes que llegaron a la Argentina. Era el sueño máximo, el símbolo de que el sacrificio había valido. Hace unos días recibí un llamado de la escuela de mi hijo. No entendí todo lo que me dijeron — el idioma, el acento, el sistema todavía me juegan en contra. Tuve que pedir que me repitieran. Me llamaban para avisarme que mi hijo va a recibir un diploma de excelencia académica y pensé en todos los que empezamos de nuevo. Sin red, sin familia cerca, sin entender los formularios ni las reuniones de la escuela. Sintiéndonos a veces ignorantes, impotentes, fuera de lugar.Leer escrito completoReducir escrito
Así decían los inmigrantes que llegaron a la Argentina. Era el sueño máximo, el símbolo de que el sacrificio había valido. Hace unos días recibí un llamado de la escuela de mi hijo. No entendí todo lo que me dijeron — el idioma, el acento, el sistema todavía me juegan en contra. Tuve que pedir que me repitieran. Me llamaban para avisarme que mi hijo va a recibir un diploma de excelencia académica y pensé en todos los que empezamos de nuevo. Sin red, sin familia cerca, sin entender los formularios ni las reuniones de la escuela. Sintiéndonos a veces ignorantes, impotentes, fuera de lugar.
Pero nuestros hijos nos ven levantarnos igual. Y eso — eso — es lo que les enseñamos sin darnos cuenta. El sueño no cambió. Solo cambió el país. Ese diploma también es nuestro. Y quién sabe… por ahí y solo por ahí en el futuro y como aquellos inmigrantes dijeron alguna vez voy a decir “mi hijo el doctor.”
Israel no se explica. Se come (obviamente vamos a comer algo para festejar)






















