
Mi papá Z”L era una persona muy precavida y siempre nos dio lecciones de vida (jaim). Una de ellas fue mantener el tanque siempre lleno (malé). Esto aplicaba para la vida y para la gasolina del carro. Mi mamá Z”L también me dejó muchas enseñanzas, pero de carros sabía más mi papá.
Yo sigo su consejo, como muchos otros y trato al máximo de echar gasolina cuando el marcador marca un cuarto. A Reuven no he podido enseñarle esa lección y por ese motivo se ha varado varias veces por gasolina. Eso es casi una vergüenza, además que es causal de multa.
Muchas veces nos pasó y digo nos pasó porque yo andaba con él y sufría las consecuencias. Generalmente yo me quedaba en el carro y él -como castigo- debía ir a la gasolinera y comprar una bolsa para echar en el tanque un poco, mientras llegábamos a la gasolinera a resolver el impase. Había una bolsa (sakit) especial para tal efecto. Cuando no se conseguía la bolsa, se llenaba una botella (bakbuk) o un galón en su defecto.
En Israel no nos había pasado esto. Tratamos de mantener el tanque lleno.
Es de anotar que aquí es más difícil (kashé) tanquear el carro porque a veces no hay ayudantes que lo hagan. En Colombia y otros países latinos, el servicio lo presta un ser humano, a cambio de una propina. Eso también me lo enseñó mi papá, a reconocer el trabajo de alguien a través de un pequeño monto en dinero (kesef).
Por tal motivo, aquí, siempre vamos juntos a la gasolinera, para entender mejor, para lograr que alguien nos ayude, para apoyarnos.
🚗 El día que el carro dijo basta
La semana pasada Reuven estuvo con vértigo y no pudo ni asomarse a la calle.
Un día le comenté que el carro estaba bajito de gasolina, que cuando se sintiera mejor íbamos juntos a tanquear y me dijo que si. El jueves salimos a una cita médica y la intención era pasar antes a echar gasolina, pero no alcanzamos y la idea era ir después.
El que maneja es el responsable de ese menester y teníamos una conferencia en la Olei. Como no se sentía muy bien, lo dejé en la casa y me dirigí a la Olei. Cuando vi el marcador lo llamé a comentarle y me dijo que con el olor llegaba.
Después de la charla, quedé de verme con unos amigos en un concierto de Yom Yerushalaim. Le dije a mi amiga que le iba a hacer una mala propuesta y era que me acompañara a la gasolinera y después yo los llevaba a la casa.
Recogimos a Reuven y al estilo Waze nos dirigimos a nuestro destino. Cuando íbamos llegando el carro se paró, indicando que no había más gasolina.
Tiramos una moneda al aire a ver quién se quedaba en el carro y quién iba por gasolina. Como éramos cuatro, nos repartimos las funciones y dos fuimos por gasolina y dos se quedaron cuidando el carro y esperando el ansiado líquido.
🤝 Lifamim: a veces pasa
Empezamos la caminata y le echamos dedo a un carro. Una señora con su hija (bat), amablemente nos llevaron, fueron a hacer algo cerca (carov) y nos ofrecieron recogernos para llevarnos de vuelta.
En Colombia es un acto peligroso, tanto para el que recoge a un pasajero desconocido, como para el que se sube en un carro desconocido.
En nuestro incipiente hebreo pudimos contarles lo que había pasado y descansé cuando la señora dijo lifamim, como, a veces pasa. Eso me hizo sentir tranquila de que a otra gente también le pasa.
El señor que casi siempre nos atiende en la gasolinera nos dio trato preferencial y hasta nos prestó un embudo, con lo que aprendí una nueva palabra (mashpej). Hasta que le entendí que era lo que nos iba a dar…..
Al regreso conversamos y quedaron contentas de habernos conocido y nosotros también (gam) y muy agradecidos. La niña anotó mi teléfono y quedó de avisarme para que le de clases de español. Estoy esperando la llamada.
Los únicos que no quedaron contentos fueron mis amigos argentinos, aunque los llevamos a su casa como les habíamos prometido.
Después me enteré por mi yerno, como casi siempre que uno se entera después, que hay una fila especial cuando uno necesita ayuda (ezra) para echar gasolina y no autoservicio.
