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Perdido, pero no tanto

Federico Elian Pipman
Escrito por Federico Elian Pipman
19 de julio 2025
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Una vez, Benjamín se perdió en el supermercado.

Tenía apenas seis años. Estaba con su mamá haciendo las compras. Ella se detuvo a mirar tomates, y él vio un robot de juguete colgado en una góndola. Caminó hacia él sin pensar… y cuando se dio vuelta, su mamá ya no estaba.

El pasillo se volvió eterno. La gente, extraña. Las voces, lejanas. El miedo le subió hasta el pecho.

—¿Estás perdido? —le preguntó un señor del supermercado, agachándose.

Benjamín asintió con los ojos llenos de lágrimas.
—¿Sabés cómo te llamás?
—Benjamín Cohen.
—¿Y tu mamá?
—Miriam. Mi papá se llama Daniel.

El hombre sonrió.
—Muy bien, campeón. Vamos a buscarlos.

En minutos, su nombre sonó por los parlantes. Y cuando su mamá llegó corriendo, lo abrazó con tanta fuerza que el miedo se fue.

—¿Tenías miedo? —le preguntó ella.
—Sí… pero también sabía quién era. Y eso me ayudó a no olvidarme de volver.

Unos días después, en el shule, la morá pidió a los chicos que contaran algo sobre sus orígenes:

—¿De dónde vinieron sus abuelos? ¿Qué historias conocen de su familia?

Benjamín levantó la mano enseguida.
—Mis abuelos vinieron de Polonia y de Siria. Uno llegó después de la guerra. El otro tenía una panadería. Mi bisabuela se llamaba Raquel, hablaba ladino.

Todos lo escuchaban con atención. Cuando le tocó a Ezequiel, su compañero, bajó la mirada.
—No sé... no sé nada —susurró.

En el recreo, Benjamín se le acercó.
—¿Estás bien?
—Me sentí… como si me hubiera perdido —dijo Ezequiel.

Benjamín pensó un momento.
—Una vez me perdí en el súper. Me asusté mucho, pero sabía cómo me llamaba. Y eso me ayudó.
—¿Y eso qué tiene que ver?
—Que saber quién sos… es como tener un mapa cuando estás solo. No te saca del problema, pero te da dirección.

—¿Y si no sé?
—Entonces empezá hoy. Preguntá. Escribí. O inventá tu historia desde ahora. Porque no hay nada más fuerte que un judío que sabe de dónde viene y para qué vino.

Ezequiel volvió a casa y preguntó por primera vez:
—¿Dónde nació el abuelo?

Al día siguiente, trajo una hoja escrita con letras grandes:
“León. Carpintero. Vino de Ucrania.”

Y Benjamín, al verlo, entendió algo que nunca olvidó:
A veces, estar perdido no es no saber dónde estás…
Es no saber quién sos.

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