
En medio de un contexto complejo y desafiante, surgió una iniciativa que alimenta mucho más que el cuerpo: el alma. Hace apenas 15 días comenzó el proyecto “Mi Comida Favorita para Jaialim Bodedim”, una propuesta solidaria que conecta a soldados solitarios con voluntarios dispuestos a prepararles ese plato que los transporta a casa, a sus raíces, a sus recuerdos.
Hasta ahora, ya se inscribieron 120 jaialim, y 75 de ellos ya tienen asignado un voluntario que se encarga de mimarlos con algo rico y casero. El equipo de voluntarios no para de crecer: ya son 50 personas que se sumaron con entusiasmo. Sin embargo, muchos viven en ciudades donde aún no hay soldados registrados, lo que abre una nueva necesidad logística para el equipo coordinador.

Lo que más piden los jaialim es comida casera y platos típicos de sus países de origen. Sabores que reconfortan, que recuerdan a la abuela, a la infancia, a una fiesta familiar. Y esa conexión emocional es justamente lo que vuelve a este proyecto tan especial.
Las repercusiones emocionales son profundas. Todos los días llegan mensajes de agradecimiento, tanto de los soldados como de los propios voluntarios, felices de poder formar parte de una acción tan significativa.
Frases como “Hace tanto que no comía una empanada”, “Qué bueno comer milanesa de carne”, o “Este chipa es tan rico como el que comía en Paraguay” nos muestran el poder de los sabores que nos conectan con lo más íntimo. Pero hay una frase que se repite más que ninguna otra: “Gracias por acordarse de nosotros”.

Esto recién comienza. Hoy son 120 soldados, pero no hay límites. Queremos llegar a muchos más. Y si no sabés o no te gusta cocinar, también podés sumarte ayudando con la logística o en la organización. Siempre hay algo que podés hacer para colaborar.
Quizás no sea hoy… pero estamos convencidos de que muy pronto tendremos soldados anotados en todo el país.
Porque una comida puede ser mucho más que un plato: puede ser un abrazo.