
La BBC —uno de los medios más influyentes del mundo— vuelve a estar en el ojo del huracán. Esta vez, las acusaciones son especialmente graves: desde transmitir mensajes de odio en vivo, hasta producir un documental protagonizado por el hijo de un alto funcionario de Hamás, sin mencionarlo.
Este artículo aborda dos hechos recientes que han sacudido la credibilidad de la cadena pública británica, y que, según múltiples voces, revelan un sesgo sistemático y profundamente preocupante.
🎤 I. El grito que la BBC no censuró
Durante el icónico festival de Glastonbury —el “Super Bowl” de la música británica—, el grupo punk-rap Bob Vylan subió al escenario con un mensaje político claro: “Free Palestine”. Pero todo dio un giro cuando el vocalista gritó:
“Death to the IDF” / ¡Muerte a las FDI!
Una frase brutal, sin matices, que incita directamente al odio y a la violencia. Lo sorprendente no fue solo que se haya dicho, sino que fue transmitida en vivo por la BBC, sin censura ni advertencias.
La cadena pública, financiada con el dinero de los contribuyentes —judíos incluidos—, no interrumpió la emisión. Nadie cortó la señal. Nadie reaccionó. Todo fue tratado como si formara parte normal del espectáculo.
Solo después de la indignación pública —incluyendo al gobierno israelí, el primer ministro británico, y diversos organismos internacionales—, la BBC emitió un comunicado prometiendo “revisar los protocolos”. Pero el daño ya estaba hecho.
Y vale mencionar un dato clave: la BBC posee los derechos exclusivos de transmisión del festival. Cada imagen viral, cada declaración, cada encuadre... pasa por sus manos. Eso les da visibilidad, pero también responsabilidad.
🎬 II. Un documental emocional… con omisiones inquietantes
Meses atrás, la BBC estrenó un documental titulado:
“Gaza: cómo sobrevivir en una zona de guerra”.
El protagonista: un niño palestino de 13 años llamado Abdullah.
El enfoque: mostrar su vida bajo los bombardeos, su ternura, su mirada inocente.
El documental fue aplaudido, compartido y llorado. Pero ocultaba un dato esencial: Abdullah no es un niño cualquiera. Es el hijo de Ayman al‑Yazouri, viceministro de Agricultura del régimen de Hamás en Gaza.
El descubrimiento no lo hizo un organismo oficial, ni un medio de investigación. Lo hizo David Collier, un activista pro-Israel, en menos de cinco horas, desde su casa, con una simple búsqueda.
¿Cómo es posible que la BBC —con todo su presupuesto, su equipo de periodistas y su prestigio— no verificara ese dato?
La pregunta duele aún más cuando se descubre que la BBC pagó aproximadamente $515,000 dólares a la productora Hoyo Films para crear ese documental. Según The Times of Israel, la familia de Abdullah recibió apenas $1,000 por su participación. El resto del dinero… nadie sabe con certeza a dónde fue.
🧠 III. ¿Propaganda financiada con fondos públicos?
El problema no es solo quién es Abdullah, sino cómo se construyó la narrativa.
Durante nueve meses de grabación —en plena guerra, sin acceso para periodistas extranjeros—, la BBC utilizó a un niño de 13 años, hijo de un funcionario de Hamás, como narrador.
Y eso no es todo.
Se detectaron manipulaciones en las traducciones:
– Donde en árabe decían “judíos”, los subtítulos mostraban “israelíes”.
– Donde se hablaba de “yihad”, se tradujo como “resistencia” o “batalla”.
Estas alteraciones no son errores inocentes. Son elecciones editoriales que suavizan el mensaje, ocultan su contenido ideológico y contribuyen a una narrativa sesgada.
Tal como lo expresó Orly Goldschmidt, portavoz de la embajada de Israel en Reino Unido:
“Es una política siniestra y engañosa que no solo distorsiona la realidad, sino que también excusa el racismo”.
🕯️ IV. ¿Dónde está el periodismo?
La BBC intentó justificarlo todo como un “error editorial”. Pero mientras ellos afirmaban “no saber”, un simple ciudadano lo descubrió en horas.
Y cuando el escándalo explotó, retiraron el documental en silencio, sin explicaciones ni disculpas públicas.
Esto va más allá de una omisión.
Es permitir que Hamás —una organización que niega el derecho de Israel a existir y ha sido acusada de crímenes de guerra— tenga voz y protagonismo en el prime time británico, como si fuera un actor político legítimo.
El mensaje no es solo preocupante. Es peligroso.
Porque cuando el discurso del victimario se disfraza de inocencia, la verdad se convierte en una herramienta de propaganda.
Y eso, en el mundo libre, debería ser inaceptable.
🕵️♂️ Este artículo fue realizado con fuentes abiertas y verificables:
– Wikipedia, The Times of Israel, y otras fuentes de dominio público.
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