
Conversaciones con Marcos Barchilon sobre guerra, narrativa y la batalla por el alma del país
En su reciente video titulado "ISRAEL AISLADO: CUANDO DEFENDERSE SE CONVIERTE EN UN CRIMEN MUNDIAL", Marcos Barchilon, voz analítica en redes y creador de contenido, ofrece una reflexión incisiva sobre la situación actual de Israel en el escenario internacional.
Barchilon compara la posición del país con la paradoja descrita en la novela Catch-22 de Joseph Heller, donde cualquier acción tomada por el protagonista lo condena. De manera similar, Israel se enfrenta a una disyuntiva insostenible: si se defiende, es condenado; si no lo hace, también.
Esta reflexión cobra mayor relevancia tras la reciente recuperación de los cuerpos de los rehenes Judy Weinstein y Gadi Haggai, asesinados por Hamás el 7 de octubre de 2023 y recuperados en una operación especial en Gaza. Un hecho que subraya la complejidad moral y estratégica que enfrenta Israel en su lucha contra el terrorismo y en la protección de sus ciudadanos.
📚 Catch-22: cuando todo está en tu contra

La referencia de Barchilon no es menor. Catch-22 no es solo una novela célebre; es una clave para entender el absurdo estructural que Israel enfrenta hoy.
En la obra de Joseph Heller, ambientada en la Segunda Guerra Mundial, un piloto busca ser declarado insano para dejar de volar misiones suicidas. Pero hay un problema: si lo pide, demuestra estar cuerdo, porque solo un loco querría seguir volando. Resultado: debe seguir volando.
Esa es la trampa. Hagas lo que hagas, pierdes.
Israel, dice Barchilon, vive una paradoja similar. Si se defiende, es señalado como agresor. Si se contiene, lo acusan de indiferencia. Como en Catch-22, el juicio ya está dictado antes de que empiece el juicio.
En nuestras conversaciones, Barchilon profundiza: la condena internacional hacia Israel —incluso cuando actúa en defensa propia— revela una narrativa viciada, que omite las amenazas reales que enfrenta el país.
“Es como si el mundo esperara que Israel acepte su destrucción en silencio”, afirma.
Tal como explicó en su video, Barchilon cita un artículo del Jerusalem Post que describe la actual guerra como una batalla sin salida. La operación “Carros de Gedeón”, lanzada por las FDI en mayo de 2025, refleja esa sensación de cerco. Aunque el objetivo es claro —desmantelar la infraestructura de Hamás y rescatar rehenes—, la reacción internacional ha sido de repudio inmediato. Para muchos líderes, no importa qué haga Israel: la condena llega igual.
“Las cifras son asombrosas”, señala Marcos. “Hay una larga lista de líderes que parecen convencidos de que el mundo sería mejor sin Israel. Que si el Estado judío desapareciera, reinaría la paz. Y yo les digo: están equivocados. Pero no hay forma de convencerlos”.
Marcos lo resume con ironía en un término provocador:
“síndrome de desquicia israelí” —una mutación del fenómeno que describía la obsesión irracional con Trump—. Incluso quienes reconocen los aportes de Israel al mundo, hoy se suman a una condena automática, que ignora tanto la justicia como la historia.
Y esa condena no es simbólica. Tiene consecuencias reales.
Vuelos cancelados. Aerolíneas que abandonan rutas por temor o falta de cobertura. Turistas que se esfuman como fichas de dominó.
“Todo esto es devastador”, dice Marcos. “Para Israel. Para su economía. Para su dignidad”.
Pero lo más grave, afirma, es la ceguera ante el contexto: un enemigo que se esconde detrás de civiles, que viola sistemáticamente los derechos humanos, y que proclama —sin disimulo— su intención de destruir al Estado judío.
“La crítica global parece olvidar quién empezó esta guerra. Y peor aún: olvida quién sigue violando todas las reglas básicas de humanidad”, concluye.
🧱 El silencio que grita: Israel contra sí misma
Y es acá donde la conversación con Marcos Barchilon toma otro rumbo. Ya no estamos hablando de Gaza, de la ONU o de Hamás. Hablamos de algo más incómodo.
"¿Sabés cuál es mi miedo más profundo?", me dice Marcos con tono pausado, cargado de una tristeza contenida. "Que Israel ya haya perdido... pero todavía no se haya dado cuenta."
Silencio.
Y lo repite, como quien lanza una piedra a un lago quieto.
"Perdimos algo. Algo del alma. Y si no lo recuperamos a tiempo... las victorias tácticas no van a servir de nada."
¿Qué significa haber “perdido” cuando seguimos luchando? ¿Es la unidad nacional? ¿Es la narrativa? ¿La confianza mutua entre ciudadanos? ¿O es simplemente la capacidad de conmovernos por el otro sin importar su ideología política?
Marcos no da respuestas fáciles. Y eso es lo que lo convierte en una voz necesaria.
💬 La resistencia del pensamiento
Porque lo verdaderamente inquietante no es la condena mundial: es la grieta interna que ya nadie intenta esconder. Hay soldados que vuelven del frente y sienten que combaten por un país que se rompió en dos. Hay familias que se bloquean en WhatsApp por ideologías opuestas. Hay universidades donde ya no se puede hablar de rehenes sin que te acusen de extremista.
Israel, el país que un día se juró no volver a ser víctima, está peleando en demasiados frentes: contra Hamás, los hutíes, Hezbolá, Irán y sus brazos regionales, contra la prensa mundial... y contra sus propios fantasmas.
Marcos lo dice claro:
"Este es el momento más frágil del alma israelí tal vez desde Yom Kipur. Pero ahora el enemigo también está adentro: es la indiferencia, la saturación, la desesperanza. Y si no lo hablamos, lo vamos a pagar caro."
🎙️ Los que no callan
Marcos Barchilon representa a una nueva generación de israelíes que entendió que la batalla ya no es solo territorial ni diplomática.
Hoy, también se pelea en el terreno de las palabras, la narrativa y el pensamiento crítico.
Sin uniforme ni rango oficial, pero con una cámara, una voz firme y la voluntad de decir lo que incomoda, él —como tantos otros— está dando una lucha comunicacional que muchos evitamos.
Una lucha que nos cuesta asumir, o incluso respaldar en algo tan simple como compartir una idea en redes. Pero alguien tiene que hacerlo. Y a veces lo hacen por nosotros.
Como decía Marcos: “ahora el enemigo también está adentro: es la indiferencia, la saturación, la desesperanza. Y si no lo hablamos, lo vamos a pagar caro”.
No les voy a mentir: me dejó atontado cuando lo escuché decir, con esas palabras exactas:
“¿Y si Israel ya perdió… pero todavía no se dio cuenta?”
Me quedé en silencio. Pensé:
¿Qué le pasó? ¿Qué está viendo que no vemos?
Y él mismo lo aclaró, con calma:
“Es bonito escuchar que Israel siempre gana. Que somos los más fuertes. Que lo tenemos todo bajo control. Pero eso a veces es solo una forma de no querer mirar hacia adentro.”
Y tiene razón.
❓ ¿Y ahora qué?
La pregunta es incómoda, pero urgente:
¿Qué Israel estamos salvando? ¿Y qué Israel estamos dejando morir?
Este artículo no es para quienes tienen todas las respuestas.
Es para quienes aún se atreven a hacerse preguntas.
Para quienes creen que amar a Israel también es decir lo que duele.
Para quienes entienden que el sionismo no es un hashtag, ni una postura de ocasión, sino una lucha constante por el alma de un país.
Y para quienes saben que, entre sirenas, titulares y tragedias, la voz de uno puede ser el eco de muchos.
Marcos eligió no callarse. Y no está solo.
Ojalá seamos cada vez más los que elegimos hablar, escuchar y —sobre todo— apoyarnos.
Incluso cuando pensamos distinto.
Porque lo que más necesita Israel hoy es que nos unamos.
Y mucho más en redes sociales, donde somos pocos ante un enorme Goliat que nos acorrala.
🎥 Por eso, si sientes que esta conversación también es tuya, te dejo por acá el video donde lo escuché por primera vez. Después de verlo, supe que tenía que contactarlo. Fue lo que encendió esta conversación.
No es cualquier video. Es el punto de partida de todo lo que leíste arriba.
Si querés conocer a Marcos Barchilon, entender de dónde nació este artículo y por qué decidí escribirlo, te invito a verlo. Y —¿por qué no?— a suscribirte.
Es el mismo mensaje… pero ahora con voz, gestos, y una que otra ceja levantada que dice más que mil palabras. 😉