
Actor, director y docente, Boris Rubaja llegó a Israel hace 24 años convencido de que tendría que dejar su profesión de lado mientras aprendía hebreo. Calculaba que pasarían unos cinco años antes de poder volver a trabajar como actor. La realidad fue muy distinta: pocos meses después de hacer alía ya estaba dando su primer taller de teatro en español.
Cuando Boris decidió hacer aliá tenía más de veinte años trabajando en teatro, cine y televisión en Argentina, incluso había participado en producciones de otros países de América Latina.
En aquel momento, según cuenta, algo había empezado a cambiar en el medio, mientras dirigía una obra en una escuela hebrea en Argentina comentó que estaba pensando en irse a México, Venezuela o Colombia. Entonces una de las maestras le preguntó algo que al final cambiaria sus planes:
“¿Y por qué no vas a Israel?”.
La respuesta de Boris fue rápida y simple el problema era el idioma. Para un actor que trabaja con la palabra, llegar a Israel sin hablar hebreo es comenzar desde cero.
En Argentina comenzó a estudiar hebreo con una profesora particular. Después de apenas siete clases tomó la decisión de hacer alía.
“Voy a dejar más de veinte años de profesión en una valija hasta que aprenda el idioma”, recuerda.
Boris pensaba que necesitaría unos cinco años para volver a su profesión. Sin embargo, lo que imaginaba como un proceso largo terminó reduciéndose a unos cuantos meses.
📺 Chiquititas apareció en el momento justo
Antes de venir a Israel, Boris había tenido una participación especial en Chiquititas. Inicialmente lo habían convocado para diez capítulos, pero finalmente apareció en 41, y desde aquí comienza lo inesperado.
Aproximadamente un mes después de su llegada a Israel comenzaron a emitirse justamente todos los capítulos en los que Boris aparecía.
Chiquititas era muy popular en Israel y pronto empezó a correr la voz: “Boris Rubaja está en Israel”.
Poco después le propusieron organizar un taller de teatro en español. El arte que Boris había pensado guardar durante años en aquella “valija” comenzó a reaparecer casi inmediatamente.
Y este fue el comienzo.
🎭 Gente que quería actuar, no convertirse en actores
Al principio Boris encaró los talleres como lo había hecho siempre desde la formación actoral, algo teóricamente correcto, pero rápidamente entendió que sus alumnos buscaban otra cosa..
Las personas que llegaban no estaban pensando en comenzar una carrera profesional.
“No quieren ir mañana a Habima, Beit Lessin o Cameri. Esta gente lo que quiere es actuar”, explicaba con ilusión. En hebreo, lesajek; en inglés, to play. Y justamente esa idea de “jugar” terminó marcando la esencia de sus talleres.
Entonces cambió la forma de trabajar, menos preocupación por la técnica y más espacio para improvisar, imaginar y jugar.
“Yo lo que hago con los talleres es volver a encontrarse con el niño que todos llevamos dentro”.
Ese niño, dice, sigue estando allí aunque los años, las obligaciones y el miedo al ridículo muchas veces terminen escondiéndolo, por eso en sus clases alguien puede tener que representar un pájaro, un mono o inventar cualquier personaje.
No existe una única manera de hacerlo. Cada uno lo interpreta como quiere, me explicaba Boris.
😅 ¿Y si alguien piensa que no sabe actuar?
Me intrigaba preguntarle qué pasa con aquellas personas que piensan: “Esto no es para mí”, “no tengo talento” o “voy a hacer el ridículo”.
Al hacerle la pregunta, Boris respondió sin dudarlo: “El talento se tiene”. Solo hay que desarrollarlo y estimularlo. La idea no es buscar quién actúa mejor, sino generar sonrisas y, con ellas, energía.
Un ejercicio puede ser tan simple como inventar un producto imaginario y crear una publicidad para venderlo.
A partir de allí aparecen personajes, situaciones absurdas, improvisaciones y, muchas veces, muchas risas.
“La gente se va con lo que produce la risa: energía”, dice.
🎬 Una película, Joselito y una pregunta a su padre
La relación de Boris con el teatro comenzó cuando era niño. Sus padres tenían una sagrada costumbre familiar sí o sí, los domingos iban al cine o al teatro.
En una de aquellas salidas vio una película protagonizada por Joselito. Al final de la película, el personaje moría y Boris comenzó a llorar. Miró a sus padres y vio que su padre se quitaba los anteojos y se secaba las lágrimas.
Después fueron a comer pizza, como hacían habitualmente los domingos y Boris le hizo una pregunta a su padre.
“Comiendo la pizza le digo, ‘Papi, ¿por qué lloramos? Si es mentira, es una película.’”
La respuesta de su padre quedó grabada en su memoria:
“Esa es la función del arte: entretener y movilizar las emociones, tanto para la risa como para el llanto”.
Y fue a partir de allí cuando Boris decidió que quería dedicarse a eso. Su padre lo apoyó, aunque también le recomendó estudiar una profesión adicional. Así fue como terminó estudiando electricidad.
Por eso todavía hoy se presenta algunas veces, medio en serio y medio en broma, como “un actor electricista”.
🇮🇱 Empezar otra vez en Israel
Boris sabe también lo que significa hacer alía y sentir que una parte de la vida anterior quedó atrás. Un idioma nuevo. Otra moneda. Otras costumbres. Otra manera de relacionarse y sobre todo, la necesidad de comenzar nuevamente.
Mientras daba sus primeros talleres de teatro también trabajaba en una estación de servicio y seguía intentando mejorar su hebreo.
“Hacer alía es muy difícil, porque yo lo viví”, dice.
Quizás por eso evita vender el teatro como una especie de solución para el nuevo inmigrante según entendí, para él es otra cosa, es un espacio donde, durante unas horas, se puede dejar afuera parte de las preocupaciones cotidianas, expresarse, reírse y jugar, volver hacer niños.
🎭 Un teatro profesional en español
Con el paso del tiempo apareció otro proyecto. Boris veía compañías profesionales de teatro en Israel que trabajaban en ruso, árabe y otros idiomas, pero no encontraba algo equivalente en español. Así que decidió intentarlo.
Convocó a actores hispanohablantes con experiencia profesional y recibió respuesta de 54 personas de distintas partes del país.
Comenzó entonces a buscar apoyos y espacios hasta llegar al Teatro Givatayim y, posteriormente, al Ministerio de Absorción.
En 2008 estrenó su primera obra profesional en español, El amante de su mujer.
Desde entonces, cuenta, han estrenado prácticamente una obra por año, salvo durante los dos años de la pandemia. Su producción más reciente es Terapia amorosa, una parodia sobre una pareja que acude a terapia.
Y el proyecto no se quedó únicamente en español.
Boris trabaja también en una versión en hebreo con actores israelíes.
🤝 Los talleres de la OLEI
La relación de Boris con la OLEI comenzó prácticamente desde su llegada a Israel. El primer taller surgió en Raanana y, con el tiempo, la propuesta fue llegando a distintas ciudades.
Ha trabajado en lugares como Herzliya, Tel Aviv, Jerusalén, Rehovot, Beersheva, Modiín, Kiryat Bialik, Gedera, Afula y Netanya.
Actualmente mantiene talleres los miércoles en Afula y los lunes en Netanya, aunque las ciudades y los grupos van cambiando. Algunos desaparecen durante un tiempo y años después vuelven a abrir.
La idea, sin embargo, no cambia demasiado.
No hace falta haber actuado antes.
No hace falta querer convertirse en actor.
Y tampoco hace falta demostrarle nada a nadie.
Boris lo explica mucho mejor:
“Que la gente juegue, se divierta, se exprese y se reencuentre con el niño que todos llevamos dentro”.
❤️ Mucho más que teatro
Me emociona especialmente escribir este artículo. Boris es un ejemplo de lo que representa esta gran familia de la OLEI, porque detrás de cada taller hay mucho más que teatro: hay encuentro, risas, memoria, idioma y personas que vuelven a jugar, a sacar ese niño que llevan dentro.
Y quizás allí esté también la fuerza del arte: en recordarnos, aunque sea por un rato, quiénes éramos antes de aprender a tomarnos todo tan en serio.
