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OLEI se renueva: una nueva generación, la misma esencia de siempre

Luli Szerman (*)
Escrito por Luli Szerman (*)
04 de julio de 2026
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El pasado 17 de junio, la OLEI central en Tel Aviv fue mucho más que el escenario de un recambio institucional. Fue el punto de encuentro de una jornada atravesada por la emoción, el agradecimiento y la esperanza. Una jornada que marcó el comienzo de una nueva etapa para una institución que, desde hace más de siete décadas, acompaña, orienta y contiene a los olim de Latinoamérica, España y Portugal en su llegada e integración a Israel.

Con la asunción de una comisión directiva más joven, la OLEI inicia un nuevo capítulo, sin perder aquello que la convirtió en un verdadero hogar para miles de personas a lo largo de los años.

La ocasión también invitó a mirar hacia atrás y valorar todo lo construido en un período difícil. En tiempos marcados por la guerra, la incertidumbre y el dolor, la OLEI nunca dejó de estar presente. Continuó recibiendo a los nuevos olim, acompañando a los soldados solitarios (jaialim bodedim), asistiendo a familias desplazadas y fortaleciendo una red de apoyo que llega a cada rincón del país.

El enorme legado de Mario Laib Lev

Al frente de ese trabajo estuvo Mario Laib Lev, cuyo nombre se ha convertido en sinónimo de entrega, compromiso y dedicación. Durante su gestión, la OLEI no solo siguió creciendo, sino que reforzó su papel como referente y sostén para la comunidad de habla hispana y portuguesa en Israel.

Su paso por la presidencia deja una huella profunda, de esas que trascienden los cargos y permanecen en las personas. Sin embargo, este no es un adiós. Mario continuará formando parte de la conducción institucional desde la vicepresidencia, aportando su experiencia, su calidez humana y su mirada siempre atenta a las necesidades de los demás.

Por supuesto, nada de lo logrado habría sido posible sin el trabajo constante de quienes lo acompañaron durante estos años. Detrás de cada proyecto, cada actividad y cada iniciativa hubo una comisión directiva comprometida, integrada por personas que dedicaron tiempo, esfuerzo y corazón a la institución.

No voy a nombrarlos uno por uno porque correría el riesgo de olvidarme de alguien. Pero cada integrante de ese equipo sabe perfectamente el valor de su aporte y la importancia que tuvo en todo lo que la OLEI logró durante estos años. Fueron incontables horas de trabajo voluntario, reuniones, desafíos y decisiones compartidas. Un verdadero trabajo de hormiga, hecho con amor, responsabilidad y un profundo espíritu comunitario.

Las instituciones necesitan renovarse y dar lugar a nuevas generaciones. Sin embargo, hay personas cuya trayectoria queda profundamente ligada a determinados espacios, y Mario es, sin duda, una de ellas. Mario siempre se caracterizó por su disposición al diálogo, su capacidad de escucha y su compromiso con las personas. Su aporte trasciende los proyectos concretos y los objetivos alcanzados. También se refleja en los vínculos construidos, en el acompañamiento brindado y en esa vocación permanente de ayudar a quien lo necesitara, sin importar horarios, responsabilidades o circunstancias. Siempre estuvo dispuesto a escuchar, orientar o tender una mano cuando hacía falta.

Ese es, quizás, uno de los aspectos más valiosos de su legado: haber dejado una huella no solo a través de su trabajo, sino también a través de su cercanía, su generosidad y su compromiso con los demás.

El futuro, en buenas manos

Ahora comienza una nueva etapa bajo la presidencia de Jonatan Majburd, quien asume este desafío con entusiasmo, emoción y un profundo sentido de responsabilidad.

Junto a él llega también una nueva comisión directiva. Una generación que aporta energía, nuevas ideas y una mirada fresca, pero que comparte los mismos valores que han guiado a la OLEI desde sus inicios: acompañar, sostener y ayudar a cada olé en su camino de integración en Israel.

Este recambio no significa empezar de cero. Todo lo contrario. Es la continuidad de una historia construida por muchas manos. Es la experiencia que permanece para orientar, el compromiso que se renueva y la fuerza de una nueva generación que mira hacia adelante sin olvidar el camino recorrido.

La OLEI sigue siendo ese lugar donde encontrar apoyo, contención y pertenencia. Sigue siendo una gran familia para quienes eligieron Israel como hogar y un puente indispensable para quienes recién comienzan esta nueva etapa.

Porque cambian los nombres, cambian los desafíos y cambian las generaciones. Pero la esencia permanece intacta.

Y la historia continúa.

(*) Directora de Piedra Libre

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