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¿Acuerdos de Isaac? ¿No eran los de Abraham? Milei y su visita a Israel que sorprendió a todos

Aryeh Kalderon
Escrito por Aryeh Kalderon
25 de abril de 2026
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Un presidente extranjero llega a Israel, habla de Jerusalén, se reúne con las máximas autoridades del país, anuncia vuelos directos entre Buenos Aires y Tel Aviv, firma acuerdos de cooperación y, además, participa en actos vinculados al Día de la Independencia de Israel.

Para algunos será política. Para otros, diplomacia. Pero para quienes amamos a Israel, hay algo más profundo: mientras que muchos países se encargan de criticar a Israel por todo, Argentina eligió hablar claro.

Javier Milei no llegó a Israel como un visitante neutral. Llegó como un presidente que decidió convertir la amistad con Israel en una bandera pública de su gobierno.

Israel está acostumbrado a recibir apoyos en voz baja. A veces, con una mano algunos gobiernos dicen tranquilo, nosotros te apoyamos, y con la otra votan en la ONU contra Israel y nos damos cuenta que pareciese que estamos solos.

Esta vez fue distinto.

Argentina no se escondió detrás de palabras tibias ni de equilibrios imposibles. Milei dijo “Viva la libertad, carajo”, dijo “Am Israel Jai”, y lo hizo en voz alta, sin medias tintas. Dentro de mi poco conocimiento, no recuerdo haber visto a otro presidente extranjero hacer algo así con tanta claridad.

Y ahí está la clave: no fue solo política. Fue una forma directa de mostrar de qué lado está.

Argentina no disimuló su cercanía con Israel. La dijo en voz alta.

El momento elegido tampoco fue casual. Milei viajó en el marco del 78.º aniversario de la independencia de Israel y participó en actos vinculados a Iom Haatzmaut, una fecha que para nosotros no es simplemente “el cumpleaños del país”.

Iom Haatzmaut nos recuerda que la existencia de Israel no fue un regalo. Fue una construcción histórica, militar, espiritual y humana. Además, la independencia israelí se celebra inmediatamente después de Iom Hazikarón, el día en que Israel recuerda a sus soldados caídos y a las víctimas del terrorismo.

Por eso, que un presidente extranjero aparezca públicamente junto a Israel en ese contexto no es solo un gesto diplomático. Es una señal que atraviesa la historia. Honra el dolor y celebra la capacidad de este pueblo de levantarse una y otra vez.

Pero vayamos por partes, porque detrás de las fotos, los discursos y las frases fuertes hay una pregunta básica: ¿qué firmó Milei realmente? ¿Qué son los llamados Acuerdos de Isaac? ¿Y por qué pueden ser importantes para Israel, para Argentina y para América Latina?

🕊️ Primero: ¿qué fueron los Acuerdos de Abraham?

Para entender los Acuerdos de Isaac, primero hay que entender los Acuerdos de Abraham.

En 2020, bajo el liderazgo de Donald Trump en Estados Unidos, Israel firmó acuerdos de normalización con países árabes como Emiratos Árabes Unidos y Bahréin. Luego se abrieron otros procesos con Marruecos y Sudán.

La idea central era romper una vieja lógica del mundo árabe: durante décadas, muchos sostuvieron que ningún país árabe debía normalizar relaciones con Israel hasta que se resolviera el conflicto palestino-israelí.  Aunque en la práctica, sabemos que funcionaba como una excusa permanente para evitar cualquier acercamiento directo con los judíos.

Los Acuerdos de Abraham cambiaron esa lógica, permitieron que países árabes reconocieran a Israel, comerciaran con él, recibieran vuelos, firmaran acuerdos y cooperaran en distintos campos.

Sabíamos que el rechazo a Israel no iba a desaparecer de un día para otro y que no todo se iba a resolver con una firma. Pero se abrió una puerta que llevaba décadas cerrada.

Y cuando hay intereses reales sobre la mesa: seguridad, tecnología, comercio, energía, turismo, las cosas empiezan a moverse. Como dice el refrán, el dinero no tiene ideología.

¿Por qué se llamaron “Acuerdos de Abraham”? Porque Abraham es una figura compartida por judíos y musulmanes. El nombre tenía un mensaje: antes de la guerra, antes de las fronteras actuales y antes de los conflictos actuales, existe una raíz común.

🌎 Entonces, ¿qué son los Acuerdos de Isaac?

Los Acuerdos de Isaac toman esa idea simbólica y la trasladan a América Latina.

Si Abraham representaba un punto de encuentro con parte del mundo árabe, entonces, Isaac (hijo de Abraham) aparece ahora como símbolo de una nueva etapa: una alianza entre Israel, Argentina y otros países de Occidente que compartan una visión pro-Israel, occidental, democrática y contraria al terrorismo, al antisemitismo y al narcotráfico.

Según la Cancillería argentina, los Acuerdos de Isaac buscan crear un marco estratégico para fortalecer la cooperación entre Argentina, Israel y otros socios afines en el Hemisferio Occidental. Esto incluye coordinación frente a organizaciones terroristas, especial atención a la presencia de Irán en la región, alineamiento en foros internacionales, innovación, tecnología, comercio y apertura económica.

Traducido a lenguaje humano: Argentina le está diciendo a Israel algo muy concreto.

“No queremos ser solo amigos tuyos. Queremos ayudar a construir una red de países que no tengan miedo de estar de tu lado”.

Y ahí está el punto central.

Los Acuerdos de Isaac no son simplemente “otro acuerdo diplomático”. Son una declaración política: Israel no debe quedar solo en América Latina. Argentina quiere ser una puerta de entrada, una voz fuerte y un aliado visible.

✈️ ¿Pero esto cambia algo real o es solo una foto?

Sabemos que la diplomacia muchas veces es sólo humo. y se usan palabras enormes: cooperación estratégica, fortalecimiento bilateral, valores compartidos, mecanismos institucionales. A decir verdad es fácil pensar: “Muy lindo todo, pero ¿qué cambia en la vida real?”.

y la pregunta es válida.

Porque si una alianza no se traduce en hechos concretos, queda en ceremonia. En este caso, hay algunos ejemplos que ayudan a entender por qué esto puede ser algo más que una foto.

El primero es la ruta aérea directa entre Buenos Aires y Tel Aviv. Milei anunció que desde noviembre comenzaría a funcionar la primera ruta directa de la historia entre ambas ciudades. Él mismo la presentó como una “representación física” de la unión moral, espiritual y política entre Argentina e Israel.

No es un detalle pequeño.

Un vuelo directo no es solo un avión. Es familia que llega más fácil. Es turismo. Es comunidad judía argentina conectada con Israel. Es israelíes mirando hacia Argentina. Es olim, empresarios, estudiantes, periodistas, rabinos, voluntarios, diplomáticos y jóvenes entusiastas que viajarían entre Israel y Argentina con mayor facilidad.

El segundo ejemplo es la inteligencia artificial. Argentina e Israel firmaron un memorándum de entendimiento en esa área. Milei dijo que Israel es una potencia tecnológica y que Argentina tiene capital humano para convertirse en un hub de inteligencia artificial.

Como programador, puedo dar fe de ello: en Argentina hay un nivel muy alto de talento en desarrollo y tecnología.

De nuevo, dicho de forma simple: no se trata solo de decir “amamos a Israel”. Se trata de aprender, trabajar y crear con Israel. Recordemos que Israel es uno de los países más innovadores del mundo.

Cooperar con Israel puede significar tecnología, conocimiento, empresas, formación de especialistas y proyectos concretos.

El tercer ejemplo es el comercio.

Cuando un gobierno habla de “apertura económica”, suena abstracto, lejano. Es mucho más fácil entenderlo si alguien dice: el kilo de entrecot que hoy cuesta 270 shekels podría algún día bajar a 100. Ahí sí se entiende. Hasta dan ganas de hacerse argentino.

Por supuesto, no conviene afirmar que los Acuerdos de Isaac ya bajaron el precio de la carne argentina en Israel, porque eso necesitaría una confirmación específica. Pero el ejemplo sirve para entender la diferencia entre una frase diplomática y una consecuencia concreta.

“Apertura económica” no emociona a nadie.

“Más productos argentinos en Israel, más vuelos, más inversión, más tecnología, más carne, más vino, más oportunidades”, eso sí se entiende.

Puede parecer una mirada simple, incluso personal. Y lo es. Pero en el fondo quiero reflejar algo más amplio: cuando la cooperación económica funciona, se traduce en beneficios reales para todos y en una relación bilateral más sólida y sostenible.

💙 ¿Por qué esto nos emociona tanto a nosotros?

Porque no hablamos desde afuera.

Hablamos desde adentro.

Somos parte de esa historia, de ese vínculo y de esa tensión constante entre lo que Israel es y lo que el mundo muchas veces decide ver.

Muchos compartimos una sensación muy concreta de soledad diplomática alrededor de Israel. No es una idea abstracta. Es ver cómo nuestro país puede ser atacado por organizaciones terroristas, defenderse, perder soldados, enterrar jóvenes, enfrentar amenazas desde Irán y sus aliados, y aun así terminar siendo cuestionado por buena parte de la opinión pública internacional.

Duele porque sabemos que a Israel se le exige una perfección que no se le exige a casi ningún otro país.

Se le pide que sobreviva, pero con las manos atadas.

Que proteja a sus ciudadanos, pero sin incomodar a nadie.

Que negocie con enemigos que ni siquiera reconocen su derecho a existir.

Por eso, cuando un presidente dice abiertamente “Argentina está con Israel”, para nosotros no es solo un gesto diplomático. Lo sentimos. Nos emociona.

En el caso argentino hay una razón adicional:  Argentina ha vivido de cerca el terrorismo, el atentado contra la Embajada de Israel en Buenos Aires en 1992 y el atentado contra la AMIA en 1994.  Milei en su discurso recordó esos ataques y dijo que Argentina e Israel son “hermanos en el dolor”.

Para Milei, y me gustaría decir que para toda la Argentina, Irán no es solo un enemigo lejano de Medio Oriente. Es parte de una herida abierta en Buenos Aires.

Por eso, cuando los Acuerdos de Isaac hablan de coordinar esfuerzos contra el terrorismo y vigilar la expansión de redes iraníes en el Hemisferio Occidental, no están hablando de una fantasía geopolítica. Están hablando de una memoria concreta.

📍 ¿Y Jerusalén?

Otro punto fuerte es la Embajada argentina.

Milei reiteró su voluntad de trasladarla a Jerusalén “apenas las condiciones lo permitan” y dijo que lo considera necesario y justo.

El mundo podrá discutir resoluciones, mapas y fórmulas diplomáticas, pero Jerusalén no empezó en 1948 ni en 1967. Está en la memoria judía, en las plegarias, en la historia nacional y en la vida cotidiana de nuestro Estado moderno Israel.

Por eso, el hecho de que Argentina reconozca a Jerusalén como capital de Israel y exprese su intención de trasladar su embajada a la ciudad es una forma de decir: reconocemos que el vínculo del pueblo judío con Jerusalén no es inventado, no es reciente y no puede tratarse como un simple detalle administrativo.

👏 Gracias, Milei

No hace falta poner a Milei en un pedestal para reconocer lo que está haciendo.

Pero sí vale la pena detenerse un momento y agradecerlo.

En un mundo donde tantos eligen el silencio, la comodidad o la ambigüedad, que alguien hable claro y actúe en consecuencia es realmente conmovedor.

Ojalá este gesto no quede solo en una visita, en una foto o en un discurso. Ojalá más países se animen a hacer lo mismo: a decir la verdad, a defender a Israel sin miedo, a construir alianzas reales y no solo declaraciones vacías.

Porque cuando un país da un paso así, no solo cambia su política exterior.

También envía un mensaje al mundo: que la libertad, la verdad y la amistad todavía importan.

Gracias, Milei.

Viva la libertad!, carajo!.

Am Israel Jai!

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