
Con la llegada de la primavera parece que hubieran llegado vientos de paz. Es un viento fuerte, no tan primaveral, pero parece que trae algo de paz, entre su fuerte sonido. Es un rugido como el nombre de esta guerra, Rugido del León. Es un sonido natural muy diferente a las alarmas de guerra que anuncian que viene un misil en camino y que hay que resguardarse en el mamad. Es un viento que te obliga a encogerte para proteger tu cuerpo, pero sabes que de eso nadie se muere. No sabemos si este alto al fuego va a durar o si es algo premonitorio de la paz que puede venir en camino. Lo que sí sabemos es que no se siente tanto ruido y eso es un descanso para nuestros oídos que están aturdidos de tanta alarma. Es un ruido que avisa. Nos anuncia que debemos tener cuidado, nos alerta que hay que salvar la vida. Primero está la vida y después está el miedo. No nos podemos paralizar de miedo. Hay que hacer lo necesario y seguir adelante. Aunque sabemos que por ahora son sólo 15 días, es linda la sensación de no tener que correr, especialmente para los que no tienen el refugio en casa. Es lindo poder empezar una tarea y terminarla sin afugias, sin tener que interrumpir para después retomar. Es lindo ir al supermercado, sin tener que cruzar la mirada con la gente que también está mercando con la expectativa de que en cualquier momento suena la sirena y nos espera un miklat lleno de personas en las mismas circunstancias.
Es lindo ir en el carro sin pensar que en cualquier momento hay que parar, estacionarse y buscar donde guarecerse de una posible caída de restos de misiles. Porque no quedan satisfechos con lanzar semejante peso de explosivos, sino que los construyen con varias ojivas para que se desparramen y hagan más daño. Esa es la idea: Destrucción. Y nosotros, disfrutando de estos aires primaverales que nos acercan tanto al sentimiento de la paz.
