
La curiosidad es una característica que, según sea la utilización que le
otorguemos, puede convertirse en una cualidad o en un verdadero fastidio.
Curiosear, investigar, buscar, encontrar, reencontrar, son sinónimos de
sabiduría, cuya etimología es amor por el conocimiento. Por lo tanto, estar
predispuestos e incentivados a ampliar nuestra visión sobre el mundo, las
cosas y las relaciones, puede formar parte de una curiosidad más que
saludable.
Un espíritu curioso refiere a un sujeto despierto, que no teme lanzarse a la
búsqueda a pesar de la incertidumbre que el desconocimiento implica. En
materia de curiosidad, aquellos que están dispuesto a ampliar su horizonte
porque genuinamente son inquietos intelectual y/o emocionalmente, tienen en
su bagaje una pizca de sabiduría.
En la cara opuesta tenemos al personaje chismoso. Ese que quiere saber sólo
por el placer de fisgonear la vida del otro. Aquel que busca el chisme e incluso
el que vive de él, satisface únicamente un apetito por saber algo del quehacer
ajeno, un detalle, algo pero privado. El chismoso avanza sobre la privacidad del
otro porque no la reconoce como tal. Por supuesto que el chismoso siente
curiosidad por saber, pero no de la mejor clase. Quiere sabe para divulgar, ese
es su fin último. Saber para él es sinónimo de repetir, por eso cualquier
información que llegue a sus oídos irá a los oídos de otra persona. La
diferencia radica en el objetivo hacia el cual se dirige esa curiosidad en el
interior del ser que la experimenta, cuáles son sus fines, cuáles son sus límites.
En el caso de la persona curiosa, lo que la incentiva es el conocimiento por sí
mismo, no importa de lo que se trate y los limites se vuelven más lábiles y
muchas veces puede haber un perjudicado.
Por otro lado, se encuentra la indiferencia. ¿dónde la ubicamos? ¿a mitad de
camino? Pues no, el indiferente es aquel que ha decidido no depositar su
atención, sus energías, su disponibilidad, sobre alguna cosa. Alejado del
chismoso, pero también a resguardo de la curiosidad, el que se mantiene
indiferente a veces desconoce que, por tal, en ocasiones también se está
quedando al margen de algo que podría enriquecerlo. Pero en relación al
conocimiento, en un amplio sentido del término, el indiferente se pierde aquello
que el curioso gana, y que el chismoso mancilla.
La curiosidad, el deseo del rumor y la indiferencia, son parte de nuestros
sentimientos, por lo que no podemos decir que la curiosidad es buena y la
indiferencia mala, porque ellas no pueden caracterizarse en estos términos.
Lo que importa es qué hacemos con ellas y cuándo debe prevalecer una o la
otra.
Así en algunas situaciones deberemos estar más atentos al rumor, siempre
teniendo en cuenta que se trata de algo no comprobado, para poder ayudar a
alguien que no quiere contarnos qué le pasa, pero que sabemos no está
pasando por un buen momento.
Entonces, vemos que la principal diferencia entre los tipos de personalidad que
vimos, radica en los objetivos perseguidos por cada uno.
El curioso se interesa por ampliar su conocimiento del mundo que lo rodea,
simplemente por el placer de responderse preguntas propias.
El chismoso se siente atraído por la vida de los demás, y busca información al
respecto para divulgarla.
El indiferente se ubica al margen de cualquier nueva información útil o inútil.
Y vos, que opinas ….?
