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Crómicas de Shabat: MI BARRIO

Marlene Manevich
Escrito por Marlene Manevich
14 de marzo de 2026
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A veces me toca poner continuará como en las novelas cuando el tema sigue. Y sigue porque al día siguiente que terminó la festividad de Purim, bajé en el ascensor y me encontré a unos vecinos, el papá y sus dos hijos que parecían disfrazados y cuando les deseé jag sameaj (felices fiestas) me contestaron que ya se había acabado Purim. Yo creía que todavía estaban disfrazados y lo que tenían puesto eran pijamas. En estos días es fácil confundirse.
Bajé y me sorprendió la cantidad de gente que había en el parque.
Vivimos en un barrio nuevo (shjuná jadashá) como les he contado algunas veces.

🇮🇱 Un barrio que por fin se volvió hogar

Llegamos a vivir aquí cuando no había nada, así que nos ha tocado verlo crecer.
Estaba parada al lado de la panadería y oí un boom que me asustó a mí y a una pareja que estaba departiendo tranquilamente en una de las mesas del exterior y nos miramos con cara de susto y sorpresa. Después nos reímos cuando nos dimos cuenta que el boom venía de un globo que se le reventó a una niña.
Me crié en el barrio Laureles en Medellín, donde había parques y zonas verdes, árboles grandes y calles anchas donde se podía patinar y montar bicicleta. Pertenecíamos a una barra de amigos. Jugábamos y compartíamos experiencias de infancia y después de adolescencia. Había tiendas, como El Múltiple misceláneas y droguerías. En la tienda de don Heriberta vendían de todo, incluido el chance que era una especie de lotería. Al frente de mi casa, Muéstrame ura pagábamos unos centavos para alquilar cómics que devolvíamos después de haberlos leído. Estaba la iglesia de Santa Teresita donde vendían las mejores empanadas que me he comido en mi vida. En esas mismas ventanas por donde entraba el sol, recibí varias serenatas de novios- amigos, entre ellos Reuven con quien ya llevo 52 años de casada.
En Cali estábamos en época de estudiantes y no había mucho tiempo para entablar relación con
los vecinos. Cada uno estaba en lo suyo.
Cuando fui a vivir a Apartadó,, un pueblo donde la violencia era parte de la cotidianidad, había una calle larga donde estaba todo el movimiento del pueblo. En medio de esas montañas y de un calor infernal, Reuven hizo su año rural de medicina. Yo lo acompañé y fui bibliotecaria y profesora suplente de primaria. Me sirvió de inspiración para escribir mi primer libro. Allá vivíamos en el barrio Ortiz, en la casita más linda del pueblo, pero por ser más linda no tenía más comodidades que las demás. Llegaba el agua a cuenta gotas y la luz se iba por ratos. pero era una linda casa. Las calles eran sin pavimentar y cuando caían esos interminables aguaceros tropicales , se convertían en lodo. La gente era amable y cálida como en todos los pueblos antioqueños.
En México tuvimos buenos vecinos en un conjunto cerrado. Los niños tenían amigos y vivimos una época muy linda. Era un buen barrio y como Ciudad de México es de contrastes. Había un cementerio enfrente donde celebraban cada año el día de los muertos. Cuando mi suegro fue a visitarnos y lo tuvieron que operar del corazón cuando regresó del hospital, le hizo pistola al cementerio.
En Bogotá vivimos en buenos barrios. Mucha gente elegante y poca camaradería. Tal vez por el clima la gente es más fría y no hay una relación estrecha con los vecinos. Cuando nos a pasamos a vivir a la casa en un conjunto cerrado arriba de una colina, hicimos buenos amigos. Para los niños era un paraíso y para nosotros también (gam). Había mucha seguridad y gente alrededor muy querida.
Llegamos a Israel a vivir a un barrio nuevo (shjuná jadashá). No había muchos edificios y en general era inhóspito. No había línea de buses y no sucedía mucho en las calles. Todo estaba por hacerse. El barrio fue creciendo y se fue llenando de edificios. Ahora tenemos supermercados, gimnasio, peluquería, droguería, almacenes, pizzería, ferretería, restaurantes, panadería , heladerías, pastelerías, cafecitos y todo lo que se necesita para una buena vida al alcance de la mano.
En esta época, caminamos por la calle tranquilos, pero pendientes donde refugiarnos en caso de que suene la alarma. Se ven muchos niños (ieladim) jugando. Cuando uno se vuelve conocido aumenta la confianza. En el supermercado nos fían, pues ya nos conocen y saben que vamos a volver; es nuestro barrio. Cuando necesitamos (tsrijim) nos guardan los paquetes o compras, mientras vamos a comprar otra cosa y volvemos. Ahí es donde cambiamos las monedas, pues ellos necesitan cambio para devolverle a sus clientes y nosotros necesitamos cambiar el peso de las monedas por billetes.
En la panadería (maafía) nos ofrecen que paguemos el pan para tener la promoción 2x1 y nos lo guardan para la siguiente vez para que no se nos dañe y sienpre tener pan fresco. Los vendedores de los locales se convierten en amigos y tenemos buenos vecinos. Es lindo mi barrio Moreshet.

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