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Crómicas de Shabat: DONDE ESTÁS QUE NO TE VEO

Marlene Manevich
Escrito por Marlene Manevich
14 de febrero de 2026
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Mi prima Margie me enseñó a guardar los documentos en un tarjetero separado de la billetera por cuestión de seguridad, pues vivíamos en un país donde roban mucho y era preferible perder unos pesos, aunque fueran muchos, en la billetera, que perder todos los documentos que son tan difíciles de recuperar. Porque a lo que más le echan ojo para robar es a la billetera. Aquí en Israel me siento segura, pero como dice el onceavo mandamiento, no dar papaya.
Llegué a la casa después de un recorrido diurno casi cotidiano y se me ocurrió sacar algo de mi cartera. Tenía una cartuchera donde guardaba (después se darán cuenta por qué lo digo en pasado) y no la encontré. La cartuchera tenía dos compartimentos; en uno guardaba mis cosméticos finos, esto traduce caros, y en el otro mi porta documentos o tarjetero. Desocupé la cartera y nada. Fui al carro y nada. Ahí si me preocupé. Esto implicaba tener que reemplazar todos los documentos: tarjetas de crédito, cédula colombiana y teudat zeut (cédula israelí) 2 tarjetas de crédito, por si una no funciona, 2 tarjetas débito de Colombia, por lo mismo y porque me gusta tener todo a la mano. Mi cuñada decía que mi cartera era como la de Mary Poppins que tengo de todo y me gusta poder tener a la mano lo que alguien puede necesitar. Antes de las torres gemelas cargaba una navaja o unas tijeritas, hasta que en los aeropuertos empezaron a quitarlas y después de perder varias, decidí no volver a cargarlas.
Reuven me ayudó a buscar debajo de la silla del carro, pero como muchos saben, los hombres no saben buscar y el pecado estuvo en haberme confiado.
Al otro día tenía planeado ir a almorzar con mi hermano en Hertzlya, así que después de recorrer algunos de mis pasos anteriores, me fui a su casa, pues me propuso que antes del almuerzo él me ayudaba a bloquear las tarjetas y a solicitar nuevos documentos, pues en hebreo esta labor se dificulta aún más. Este problema no me quitó ni el hambre, ni el sueño. Al día siguiente mi hija me ayudó con el resto de los documentos para recuperar mi identidad perdida.
Uno siempre espera alguna sorpresa agradable y hay una sensación agridulce, pues existe la esperanza de encontrarlos y el desencanto de haber perdido esa identidad, ese hilo invisible que nos conecta con la sociedad.
Entre todo lo que tenía que recuperar estaba la tarjeta médica para que me pudieran atender y preciso al día siguiente tenía una cita, así que fui a solicitar la copia. Entre otras, había ido al centro comercial y compré otro tarjetero para cuando recibiera mis nuevas tarjetas. Es de color rojo y le hace juego a mi billetera también roja. Dicen que es el color del éxito y es bueno guardar el dinero con éxito.
Me subí al carro feliz de poder guardar mi primera y única tarjeta en mi tarjetero rojo. Cuando me acomodé en el carro, sentí algo en mis pies que -aclaro- no lo había sentido anteriormente. Me agaché y recogí la cartuchera que- tal como lo había pensado- se me cayó de la cartera.
Lo que más pena me daba era ponerle la cara a mi hermano y a mi hija que tanto me ayudaron.
Con mi hermano quedé a paz cuando me contó que le pasó algo similar con la billetera y que la encontró en su carro después de seis meses. Mi hija me recomendó no tener todas las tarjetas en el tarjetero. Me pregunto para que necesitaba mi cédula colombiana todo el tiempo. No sé si es por patriotismo, por nostalgia o para que no se me olvide cuando vaya al consulado a votar o cuando viaje a Colombia. Pero ahí la tenía.
Ahora estoy esperando mis nuevas tarjetas. Tengo que estar muy atenta cuando recibo las llamadas para entender y hacerme entender el día y la hora de la entrega.
Cuando me lleguen mis nuevas tarjetas tendré en mi tarjetero rojo sólo lo necesario y ningún por si acaso. Mientras tanto tendré varias visitas hasta que me terminen de entregar todas mis tarjetas y ya sé que algunas permanecerán en sitio seguro, pues aprendí la lección.

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