
Hace unos meses, en pleno contexto de la Guerra de los 12 días, The Jerusalem Post publicó: “Dirigentes de la comunidad judía en Irán piden ‘ataques diarios con misiles’ contra Israel.” Y de ahí nace la pregunta inevitable: ¿por qué líderes judíos en Irán pedirían atacar a Israel? No, la pregunta no es si suena horrible; suena horrible.
Pero la cuestión de fondo es todavía más delicada: ¿por qué un líder judío decide alinearse públicamente con la propaganda de un régimen que amenaza abiertamente a Israel? Y junto a eso, otra pregunta que casi nunca se hace: ¿por qué casi nadie habla de la comunidad judía en Irán? ¿Dónde está el foco, dónde está el escándalo, dónde está el “¿qué está pasando ahí adentro?”
Y finalmente, nuestro tema : ¿cómo un judío iraní puede hacer aliá? Vamos por partes.
Aliá desde Irán: una salida clandestina, no un trámite
En Irán, la aliá no es un trámite ni una decisión administrativa. Es, literalmente, una operación clandestina. Extremadamente peligrosa. En este contexto, la discreción no es un detalle: es la diferencia entre la vida y la muerte. Si la policía secreta iraní sospecha que un judío planea emigrar a Israel, el acto puede ser considerado traición al Estado. Legalmente, ningún ciudadano iraní puede viajar a Israel; los pasaportes iraníes llevan impresa una leyenda que prohíbe viajar a la llamada “Palestina ocupada”, es decir, Israel. La prohibición no es simbólica: es jurídica, política y operativa.

El titular de este pasaporte no tiene derecho a viajar a la Palestina ocupada (Israel)
No se trata de un viaje, sino de una huida cuidadosamente planificada, donde cada movimiento debe parecer otra cosa: turismo, visita familiar, trabajo, tránsito.
Hay antecedentes documentados de este tipo de operaciones. En 2007, por ejemplo, un grupo de cuarenta judíos iraníes llegó a Israel mediante una acción encubierta coordinada por la Agencia Judía. Primero viajaron a un tercer país cuyo nombre no fue revelado, y solo desde allí volaron a Tel Aviv.
Según los reportes, abandonaron sus propiedades en Irán y salieron sin anunciar su destino final, precisamente para no levantar sospechas de que Israel era el verdadero objetivo. Nada de despedidas públicas, nada de declaraciones, nada que pudiera delatarlos.
Rani Amrani: “no emigré, escapé”

Rani Amrani en el canal Hidabroot (YouTube)
Hoy en día, Amrani dirige Radio Ran, una radio en persa que transmite desde Israel hacia Irán. Y su historia, tal como la relata, explica por qué hablar de aliá desde Irán es hablar de clandestinidad. Su familia pagó a un “coyote” (sí, como los que cruzan gente de México a Estados Unidos) para sacarlo hacia Turquía sin pasaporte. Desde allí, recién entonces, logró continuar hasta Israel.
Pero lo más inquietante es lo que él subraya en la entrevista: el peligro no termina cuando se cruza la frontera. Rani afirma que muchos judíos que intentaron escapar simplemente desaparecieron. No llegaron a ningún país. No hubo registro. No hubo noticias. Simplemente desaparecieron.
Él sí llegó. Hizo aliá. Y hoy dirige una radio en persa que escuchan iraníes dentro de Irán usando VPN, algo curioso es que según Rani, su audiencia grande no son solo judíos iraníes, sino musulmanes iraníes que lo siguen por internet.
¿Es peligroso ser judío en Irán?
Rani explica algo clave: después de Jomeini, la comunidad judía en Irán adoptó una política de supervivencia. resumida en una frase brutal por lo simple: “Somos judíos, pero no somos sionistas.”
Según él, no se trata de un matiz ideológico, sino de una línea de defensa. La comunidad vive bajo una presión constante y, en ese marco, dice: “la comunidad judía en Irán participa en manifestaciones contra Israel” a lo que continua diciendo y vemos al “lider de la comunidad judía promocionando que es un deber atacar a Israel”
El entrevistador lo pregunta sin rodeos: ¿lo hacen por presión? Rani responde: sí, pero también (dice) para “salvar a la comunidad”, para que no hayan pogromos.
En mi investigación mirando más allá del testimonio de Rani, aparecen señales en la misma dirección. En diciembre de 2025 incluso Homayoun Sameyah Najafabadi diputado judío en el Parlamento iraní y figura oficial de la comunidad pidió a los judíos iraníes alejarse de redes y canales israelíes, para evitar sospechas y problemas legales.
Y entonces el punto se vuelve evidente: esto no es ideología. Esto es supervivencia. Pero la historia no termina aquí.
La aliá tiene un precio oculto: tu familia queda marcada
Una de las mayores preocupaciones de los judíos iraníes que hacen aliá es la seguridad de sus familiares que se quedan atrás. Emigrar a Israel, desde la óptica del régimen iraní, equivale a cruzar la “línea enemiga”, y eso puede acarrear represalias severas.
Por eso, muchos toman precauciones extremas para no exponer la identidad de quienes los ayudaron ni la de sus parientes en Irán. Algunos cambian su nombre al llegar a Israel; otros evitan aparecer en medios, no dan entrevistas, no muestran su rostro.
“Benjamin”: salir vivo, pero en silencio
Un caso ilustrativo es el de “Benjamin”, un joven judío que escapó de Irán tras ser arrestado por el servicio secreto. Lo acusaron falsamente de espiar para Israel y lo amenazaron con matarlo a él y a su familia. Al llegar a Israel en 2007, Benjamin se negó a dar su nombre real o ser fotografiado, por temor a represalias contra sus padres ancianos que seguían en Irán. Su miedo no era infundado: la historia reciente muestra que el régimen no duda en castigar a quienes considera colaboradores del “enemigo sionista”.
Shiraz, 2000: diez judíos acusados de espionaje
En el año 2000, diez judíos de Shiraz (incluyendo rabinos y profesionales) fueron condenados a prisión acusados de pasar información a Israel. Aunque varios fueron liberados tras presión internacional, el episodio aterrorizó a la comunidad.
Ruhollah Kadkhodah-Zadeh, 1998: cuando ayudar cuesta la vida
En 1998, Ruhollah Kadkhodah-Zadeh, empresario judío iraní, arrestado y posteriormente ahorcado, fue acusado de ayudar a judíos a emigrar ilegalmente a Israel.
Ruhollah antes de morir envió un mensaje escalofriante: ayudar o facilitar la emigración a Israel podía costar la vida.
Ayuda desde Israel, presión en Teherán

Un judío iraní reza en una sinagoga en Shiraz, Irán (1999)
Por ejemplo, en 2007 se otorgaron 10.000 dólares a cada judío iraní recién llegado para facilitar su aliá. Pero esa ayuda, también encendió una polémica inevitable: la dirigencia oficial de la comunidad judía en Irán la rechazó públicamente, precisamente para no quedar marcada como desleal ante el régimen.
El diputado judío de Teherán llegó a calificar esos incentivos económicos como “ofensivos”, argumentando que colocaban a los judíos iraníes bajo presión para demostrar su patriotismo.
La frase expone la lógica del miedo: para la mirada del régimen, cada emigrante puede ser interpretado como una traición, y para la comunidad que se queda, cada gesto que huela a conexión con Israel puede convertirse en un pogrom.
Por eso la prioridad es siempre la misma: mantener un perfil bajo, calmar la sospecha, sobrevivir un día más.
La comunidad judía en Irán no vive en libertad. Vive en un equilibrio forzado. En una línea fina, permanente,
entre sobrevivir… y no desaparecer.
