
¿Paradoja? No. Es la nueva diplomacia en PowerPoint: fachada arriba, túneles abajo.
En las últimas horas, el Wall Street Journal reportó que Estados Unidos está presentando a potenciales donantes un plan llamado “Project Sunrise” para transformar Gaza en una metrópolis “high-tech”: torres frente al mar, barrios nuevos, infraestructura moderna y una promesa implícita de prosperidad. Según el reporte, el borrador fue elaborado por un equipo encabezado por Jared Kushner y Steve Witkoff, y circula en 32 páginas de diapositivas, marcadas como “sensibles, pero no clasificadas”.
Entonces… ¿Gaza está lista para el “día después”? ¿O estamos viendo el tráiler de la próxima temporada?
Porque hay un detalle que ninguna diapositiva puede maquillar: la condición central del plan es que Hamás se desmilitarice. Y eso, hoy, no está resuelto.
Más de 800 días… ¿terminó la guerra?
Hay quienes dicen: “ya terminó”. Y hay quienes miran el terreno y responden: “¿de verdad?”
Hay cese del fuego desde octubre de 2025 y la intensidad bajó. Israel retiró gran parte de sus fuerzas y la vida volvió a respirar en muchos lugares. Y, al mismo tiempo, hay una realidad que no desapareció: Hamás sigue armado y todavía queda un secuestrado como punto central para avanzar.
Y acá está el riesgo: reconstrucción sin desarme no es reconstrucción. Es rearmamento con factura internacional. Se puede asfaltar calles, levantar edificios y vender modernidad. Pero si el sótano sigue intacto, lo de arriba es solo escenografía cara.
El juego de tronos detrás del “Proyecto Amanecer”
Aquí es donde vuelve a aparecer el Disneylandia geopolítico, pero en versión “día después”: una puesta en escena moderna que evita la pregunta central.
Porque, en la misma exclusiva, el WSJ señala que Estados Unidos habría mostrado las diapositivas a posibles países donantes, “los ricos reinos del Golfo, Turquía y Egipto”, según funcionarios estadounidenses.
¿Y eso qué significa, en la práctica?
Que antes de discutir, con crudeza, cómo garantizar la paz y la seguridad de Israel, la conversación ya se parece a otra cosa: quién pondrá el dinero… y quién se sentará en el trono de la influencia.
¿La “casa” de Qatar, un actor que ha financiado a Hamás durante años y que juega a dos bandas con sonrisa diplomática? ¿La “casa” turca, que se presenta como mediador pero es un actor hostil a Israel en narrativa, presión y medidas concretas? ¿La “casa” egipcia, ese vecino indispensable que Israel no puede ignorar: no un enemigo simple, sino un socio necesario, con intereses propios y con la llave geográfica más sensible?
Y aquí está el corazón del asunto: sin control real del contrabando, cualquier “reconstrucción” puede terminar convirtiéndose en rearmamento con presupuesto internacional.
La condición mínima no es un resort
Los dos objetivos declarados no están cumplidos.
Porque Hamás no se desarmó. Existe un cese del fuego frágil, sí, pero Hamás sigue armado y todavía tenemos un rehén en Gaza.
La idea de una Riviera puede ser tentadora. Pero sin los objetivos alcanzados, no se está levantando una ciudad; se está preparando el terreno para la próxima masacre. “Proyecto Amanecer” puede sonar moderno, pero en Medio Oriente la modernidad no empieza con un resort. Empieza con una condición básica: que nadie pueda volver a excavar túneles, acumular cohetes y secuestrar familias.
Y quiero ser claro: esto no es para “culpar” a Estados Unidos ni para convertir a Trump en caricatura, a veces las jugadas que parecen disparatadas terminan logrando cosas reales. Vimos el regreso de nuestros secuestrados. Falta uno, sí, pero los demás ya están con nosotros.
Por eso estas preguntas no nacen del cinismo, sino de la responsabilidad: si el plan es realmente un camino hacia estabilidad, que lo sea con las condiciones correctas, no con solo escenografía.
Israel no puede darse el lujo de comprar relatos. Israel debe asegurar su derecho de existir.
