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Crómicas de Shabat: QUE ATROPELLO

Marlene Manevich
Escrito por Marlene Manevich
22 de noviembre de 2025
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Antes de comenzar mi crómica de hoy tengo que contarles el final de la pasada.
Una buena amiga colombiana que vive aquí hace muchos años y que sigue mis lecturas, se sintió profundamente conmovida con la pérdida de mi herencia y me sorprendió con el obsequio de una trapeadora colombiana, trapeador o trapero, como dicen en las diferentes ciudades de Colombia. Aquí se usa el famoso gumi con el trapo envuelto como les cinté la vez pasada. No tengo idea donde lo habrá conseguido, pero lo consiguió y ahora soy la feliz propietaria de una trapeadora. Va a ser de gran ayuda para el robot, pues le ayudará a darle el toque final a su trabajo.
Mi amiga me salvó de un problema (baiá), pues había pensado la próxima vez que viaje a Colombia, traerme un “mechudo” de esos que les cuento, pero no me imagino cómo podría explicarles a los agentes de aduana en hebreo, qué es eso tan raro que traigo del tercer mundo (olam).

🧹🇨🇴 Un regalo inesperado y un problema solucionado

De pronto omití un detalle importante del lenguaje de Robotino. Creo que su origen es chino, pero habla en un inglés con un acento raro y me cuesta descifrar lo que me quiere decir. Si está protestando no le entiendo.
Por lo pronto, ahora tengo un buen equipo de limpieza conformador por Robotino y por María, la trapeadora y su nueva compañera de oficios domésticos.
Ahora (ajshav) si enfoquémonos en la crómica de hoy.

📞📚 Una generación manual: cables, enciclopedias y tareas a mano

Nací en una generación manual, en la que el teléfono reposaba sobre una mesita y estaba conectado a un cable que iba a la pared (kir). Soñábamos en que un día iba a haber teléfonos con pantallas y que se iba a poder andar incluso por la calle, sin tener que conectarlo a ningún cable y además ver al interlocutor al otro lado de la línea Era sólo un sueño. Como también era un sueño el famoso reloj con video de Dick Tracy, traducido hoy al Apple Watch.
Nos tocó hacer tareas, basándonos en información (nodiin) de las enciclopedias, esos tomos sagrados que permanecían en las bibliotecas de nuestras casas. Y digo reposaban, porque ya ni las escuelas pobres las quieren recibir de regalo. Toca reciclarlas como
papel. Se compraban de contado o a crédito, pagando cuotas mensuales a esos señores que venían cada mes a recoger la cuota. Ese señor que un día tuvo la valentía de tocar el timbre y lograr convencer a la mamá de esos hijos en edad escolar, que necesitaban esa información para poder estudiar (lilmod).
También estaba el servicio del sabio Salomón, antes de que Google invadiera nuestras vidas. Se llamaba por teléfono a un número que pertenecía a una sección del periódico local y te daban la información necesaria para la tarea. (shiur). Después vino En Carta, la moderna enciclopedia que venía en CD’s y Wikipedia se apoderó de los información que ahora recibimos en internet. No existía cortar y pegar y no nos permitían copiar al pie de la letra. Había que crear y hacer un resumen con nuestras propias palabras. Hoy vivimos en un mundo inmediatisra que todo se resuelve YA.

🎶📀 Del tocadiscos al streaming: la música que nos acompañó

Ni hablar de San Google que todo lo sabe y del nuevo amigo de todos, chat GPT.
Escuchábamos música en equipo de sonido que reproducía esos discos redondos de vinilo con rayitas circulares que nos deleitaban el oído al compás de notas musicales. Se llamaba tocadiscos. Aún debe haber uno que otro exhibido en algún museo. Después llegaron los modernos casettes que solían enredarse, pero con un lápiz y cinta pegante, se resolvía el asunto en una pequeña operación quirúrgica.
Fueron desplazados por CD’s que eran super modernos para la época, pero ya tampoco existen. Ahora las notas musicales llegan en otra forma y por otras ondas a deleitar nuestros oídos.
Crecimos en un mundo donde anunciaban que algún día, algún día no muy lejano, cada uno iba a tener su propio computador personal. Y nos parecía una falacia que eso iba a ser real, pues conocimos unos computadores gigantes que ocupaban un cuarto entero y sólo eran operados por técnicos especializados. Lo más parecido que tuvimos fue la máquina de escribir, con la cual se escribieron grandes novelas que quedan como legado a la humanidad. A propósito, mi tesis de grado para obtener el título de Licenciada en Letras, me la pasó a maquina mi suegro Z”L en una Olivetti 22.

💻📺 Entre máquinas de escribir y pantallas modernas: sobrevivir a la era digital

Yo no sé ustedes compañeros de generación, pero yo, aunque no soy muy televidente, aprendí a accionar esa caja mágica, de donde creía que salían muñequitos, con un control para mover los 2 canales que había en blanco y negro. Había que pararse de la silla para cambiarlos. Después llegó la televisión a color, los televisores modernos y esos controles con mil botones y hoy en día me veo a gatas para poder accionar el control., aunque no tengo que pararme de la silla. Hay que tomar curso o ver antes un tutorial para aprender a manejarlo. Eso nos pasa a algunos de esta generación, no a todos, pues las reglas tienen excepciones que traen el microchip de la generación siguiente.
Y así vamos por este sendero tecnológico, tratando de no quedarnos atrás y sabiendo que cada vez el desarrollo tecnológico nos atropella más.

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