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Crómicas de Shabat: ESCALANDO LA META

Marlene Manevich
Escrito por Marlene Manevich
13 de septiembre 2025
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En el colegio aprendí las características de las estalactitas y las estalagmitas. Era bien interesante conocer acerca de estas formaciones entre rocosas y acuosas. La idea que tenía es que eran como las lágrimas de una elegante y luminosa lámpara (menorá) Rosenthal. Las recordaba en mis sueños de color aguamarina, pues tenía entendido que eran pequeñas partículas acuosas que se acumulaban en la roca.

Cuando entré a la cueva miré las estalactitas y las estalagmitas que se juntaban, unas cayendo y otras subiendo y juntándose como columnas y me desilusioné un poco cuando vi que el recuerdo que tenía, no correspondía a la realidad que tenía enfrente.

Como soy claustrofóbica, pregunté antes de entrar y de pagar, si la salida era por el mismo sitio de la entrada. Yo sabía que no debía haber garantía (ajaraiut) para que me devolvieran el dinero, pero sí para recuperar mi paz mental.

El recorrido eran 400 metros, miré alrededor y me pregunté, qué hago aquí, si apenas llevamos como 50 metros y tengo mucho calor y ya en mi mente siento que me falta el aire. Saqué valor y le dije a Reuven al oído, que me iba a devolver, que disfrutara la visita y que yo lo esperaba afuera.

Llegué al punto de partida y sentí un fresquito en mi pecho (jazé).

🥵 Los 148 escalones de la cueva

Faltaba lo más difícil. Habíamos bajado varios escalones para llegar a la cueva y Reuven me decía que recordara que había que subir. Eso no se me olvidó y lo recordé en cada uno de los 148 escalones que tuvimos que subir para llegar a la meta, donde habíamos estacionado el carro.

Eso sin contar una escalera que subía de la cueva al sitio donde empezaban los 148 que conté muy juiciosamente para entretenerme mientras subía.

Llegamos al carro como si hubiéramos corrido una maratón.

🌕 La búsqueda del eclipse de luna

Llegamos a la casa, almorzamos, descansamos y ya en la noche nos dispusimos a observar el anunciado eclipse de luna.

Desde el balcón no logramos verlo y sabiendo que el próximo es como en 50 años, según dijeron, nos animamos a salir a la calle (rejov) en busca de la luna, aunque según los descubrimientos astrológicos es la tierra la que gira alrededor de la luna inmóvil.

Salimos y Reuven me dijo que lástima que no se veía, pero yo insistí en subir unas escaleras hasta un punto donde mi corazón me decía que lo íbamos a ver. Y así fue.

No conté los escalones, pero creo que fueron unos 20 sumados a los que ya habíamos subido después de haber visto las estalactitas. Y también vimos esa luna roja del eclipse, a pesar de tantas escaleras.

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