
Para quienes no lo conocen, Kaplan no es solo un nombre resonante en los medios: sirvió durante nueve años en el ejército israelí, donde ocupó puestos clave como Jefe de Enlace con América Latina y África y representante ante las Naciones Unidas desde el frente del Líbano. Su carrera se ha centrado en construir puentes de comunicación entre Israel y el mundo hispanohablante, explicando con precisión los desafíos que enfrenta el país en materia de seguridad.

Desde su experiencia como portavoz, analizó el conflicto desde múltiples ángulos:
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La respuesta de Israel, presentada como una operación necesaria para defender a sus ciudadanos, neutralizar la amenaza de Hamás y liberar a los rehenes.
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El contexto histórico, que permite entender por qué esta violencia no surgió de la nada, sino que es parte de una larga y dolorosa historia de tensiones.
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La situación humanitaria en Gaza, un tema complejo que también fue abordado, dejando en claro las responsabilidades del grupo terrorista Hamás en la escalada del conflicto.
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Y, sobre todo, los objetivos de Israel: restaurar la seguridad a largo plazo y garantizar que nunca más se repita un ataque como el de octubre.

El evento dejó una fuerte impresión en quienes asistieron. Por un lado, la seriedad del testimonio de Kaplan, que nos enfrenta con las duras realidades de Israel. Por otro, la alegría contagiosa del grupo Atid, que nos conecta con nuestras raíces y nuestra esperanza.
Un encuentro para pensar, para sentir y, sobre todo, para seguir unidos como comunidad en tiempos de incertidumbre.
Gracias por recordarnos que el sionismo más verdadero no siempre se grita: muchas veces, simplemente… se vive.
