
Siempre oí decir que en Israel no se sentía la guerra. Y no es que no se sienta, sino que a pesar de la guerra, la vida sigue. Yo desde mi mirpeset (terraza) escucho las explosiones del kipat barcel (cúpula de hierro) y a veces se ven como fuegos artificiales que explotan en el aire. Aunque parezca increíble, siento como un fresquito de que el ruido de la explosión equivale a que fue interceptado. Es un sistema de defensa impresionante. Esa es la tecnología israelí, de la que todos, aunque sean antisemitas, se benefician.
Tristemente, cada día hay una shivá de algún soldado que cae en el frente de batalla, pero a pesar del dolor se sigue celebrando la vida. Por ejemplo, en mi edificio hubo una fiesta de matrimonio. Los vecinos avisaron hace unos días que iban a celebrar la boda en la casa, porque por la guerra no se pudo hacer en otro sitio. Y es así como estuvimos de fiesta y digo estuvimos, aunque no nos invitaron, porque la música sonó en todo el edificio y a través del chat de la administración todos felicitaron a los novios y a la familia. A mí me toca poner el traductor para entender mejor la charla.
La música, aunque era en hebreo, es un lenguaje universal y escuché las alegres manguinot (melodías) desde la jalón (ventana) es zajar (masculino) sería ventano, de mi apartamento.
Y es así como la vida sigue esperando el mejor desenlace posible. Es cierto que la economía se afecta, pero se trata de vivir el mejor día día posible.
La gente sigue yendo a los restaurantes, hay reuniones sociales, culturales, reuniones para preparar comida y empacar otras cosas necesarias para enviar a los soldados y a las familias desplazadas. También hay voluntarios que van a recoger la cosecha a los kibutzim. Hay mucha gente que no ha podido regresar a sus casas; algunos han ido a vivir temporalmente a otras ciudades, mientras pasa el “chaparrón” (aguacero) y las cosas vuelven a lo más cercano a la normalidad.
Los niños tienen que adaptarse a nuevos colegios, nuevos amigos y los padres también. Esto es para las familias que salieron a tiempo y lograron salvarse. Hay otros que están en hoteles y sitios de paso y con sus familias destrozadas.
Que triste es negociar con terroristas. Me acuerdo de los acuerdos de paz en Colombia con la guerrilla y la silla vacía, cuando Tirofijo el guerrillero, dejó plantado al presidente Pastrana.
Es diferente negociar entre gobernantes que con terroristas, pero así nos tocó. Ellos creen que un alto al fuego es como poner pause en el computador. Es así como incumplieron la promesa de entregar a los rehenes. Para ellos es igual un día más y para estos hombres, mujeres y niños sacrificados, los jatufim (secuestrados) y sus familias, un día es una eternidad en las circunstancias que están viviendo. Tenemos toda la esperanza en que el gobierno logre dar una buena solución y pueda hacer un buen acuerdo para rescatar a estas inocentes víctimas y podamos tener un Shabat Shalom con mas regocijo que las últimas semanas, así sea parcial, pues esa entrega por cuentagotas es muy dolorosa.
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